Recorrer la ciudad y la provincia en este puente de la Constitución es la escapada perfecta para conocer lo mucho que tiene este territorio histórico y Cuna del Parlamentarismo

Adentrarse en León, en su historia, acercarse a su patrimonio monumental y a su esencia exige un breve paseo extramuros. Irrumpir de lleno en el campamento de la Legio VII, la única legión que quedaba en territorio español mediado ya el siglo I, podría aturdir. Así, tus primeros pasos pueden perderse por la Cerca Medieval. Levantada a cal y canto construida en el siglo XIV para proteger a los barrios nuevos que crecían al sur y al oeste de la ciudad. Con lienzos festoneados de almenas y alfombrado de canto, el paseo de ronda te ofrece la posibilidad de transitar por el pasado dentro de la moderna ciudad. En los aledaños de la Cerca puedes detenerte en las calles que albergaron la Judería. Los vestigios los encontrarás en la plaza de San Martín, la calle Misericordia o la bellísima calle de Mulhacin. León pertenece a la Red de Juderías de España y este año, además, preside esta agrupación.

Primer día, patrimonio arquitectónico

Tras acercarte ligeramente a los albores de aquellos asentamientos, es el momento de imbuirse donde acecha la belleza. Subiendo por la calle Santa Cruz y atravesando la Plaza Mayor, de planta castellana con sus inconfundibles soportales y casas de media planta, seguirás por delante del antiguo consistorio y enfilarás la calle Mariano Domínguez Berrueta para ‘estrellarte’ ante la inmensidad sagrada de la Pulchra Leonina.

Centro histórico de León.

La Catedral leonesa es un bosque gótico con luz propia. La dolomía caliza de la cantera de Boñar absorbió tanta claridad que hoy aún la refleja y la seo leonesa deslumbra siempre. El equilibrio de sus arbotantes, hastiales y pináculos la convierte en uno de los mejores ejemplos del gótico francés y petrifican al visitante. Superado el asombro y ya bajo la ingravidez de su lema “más luz que piedra”, el explorador se verá superado por los 1.800 metros cuadrados distribuidos en 134 ventanales y 3 rosetones. La extensión de las vidrieras de la catedral de León es la más grande de España y supera en extensión a casi todas las catedrales francesas. Las primeras vidrieras se comenzaron a realizar casi con total seguridad en el siglo XIII y posiblemente de la mano de maestros vidrieros franceses consiguiendo el conjunto de vidrieras más importante del mundo junto con la catedral de Chartres.

Cuando hayas recorrido el templo y observes la luz en sus vidrieras, alcanzarás el extremo de su desmaterialización y observarás la levedad que soporta las toneladas de peso del techo catedralicio suspendidas suavemente sobre la luz. Un espectáculo arquitectónico, estético y espiritual que colma la naturaleza bajo sus reflejos y que te permite superar la materialidad, transcender. Un emblema gótico baña el espíritu de todos los leoneses.

Culminada la visita, puedes enfrentarte a otro tesoro leonés, quizá el de mayor simbolismo para la historia política y social de León. Siguiendo la calle Dámaso Merino y Recoletas el caminante desembocará en la Plaza de San Isidoro. El origen de la Real Colegiata data del siglo X como monasterio femenino pero, acoger las reliquias de San Isidoro y el panteón real de los reyes, Fernando I y Doña Sancha acabaría por dotar a la colegiata de todo su esplendor. La decoración  mural del panteón, encargada por su hija Doña Urraca, le ha valido el título de Capilla Sixtina del Románico.

Colegiata de San Isidoro.

Destaca también en la dilatada vida del templo palatino sus funciones como scriptorium. En el monasterio, durante la Edad Media, se copiarían parte de los códices que atesora su espectacular biblioteca de imprescindible visita. Si aún dispones de emociones para abordar más joyas de la que fue iglesia abacial, debes acercarte a la Sala del Cáliz. Una investigación reciente demostró que el Santo Grial se halla en la basílica ya que el cáliz fue ofrecido a doña Sancha y Fernando I en el siglo XI.

Las horas del viajero durante su estancia en la capital leonesa se forjarán  entre atardeceres luminosos y tiempos detenidos. El azul sedante de su cielo suspenderá los tiempos del peregrino ensimismado en el conjunto monumental y, en la belleza de la ciudad milenaria, brillará la historia para que el visitante construya un vínculo eterno con León y su provincia.

Pero no creas que la visita a San Isidoro ya ha terminado. Porque aún debes pasear por el claustro e imaginar la convocatoria a la que, por primera vez en la historia, acudieron representantes electos de las ciudades del Reino. Un joven rey, Alfonso IX, a los pocos meses de acceder al trono convocó la curia a la que asistían habitualmente los altos dignatarios de la Iglesia y los grandes magnates del reino con la novedad de que; además de arzobispos, obispos y nobles, se contó con la presencia de ciudadanos. De este modo, se convocó por primera vez a participar al tercer estado en lo que se considera el comienzo de la historia parlamentaria en tierras hispanas y que otorga a estas tierras el título de ‘Cuna del Parlamentarismo’ epígrafe que ya forma parte de la ‘Memoria del Mundo’ recogido por la UNESCO”.

Aún te quedan no pocas maravillas visitables en la ciudad y en la provincia, pero el tiempo deja ocasión para ello. El prólogo de la escapada a León puedes rematarlo, en esta primera jornada, recorriendo las calles del barrio Húmedo. El casco antiguo ofrece un rio de callejuelas a las que dan sombra muros de mampostería y sillares de 2.000 años de historia. El ambiente leonés que se respira en ellas en sus plazas inundadas de historia, como la plaza del Grano, o en sus gentes que las conquistan al caer la tardes son cultura, gastronomía y ocio natural del norte.

Segundo día, el León modernista

Par la segunda jornada quizá necesites un poco de rocanrol. Una nueva forma de conocer la ciudad será a través de un paseo por el León modernista de la mano de Gaudí. El arquitecto firmó para León dos de las tres únicas obras que se fueron de Barcelona y Casa Botines, en la capital leonesa, es la máxima expresión del modernismo en la ciudad. El encargo que recibió el joven arquitecto fue el de diseñar la sede de un negocio textil, de firma catalana, con varias plantas de viviendas y un almacén. La obra resultó un palacio neogótico inspirado en las construcciones de la burguesía catalana y parisina con evocaciones medievales y flanqueado por cuatro torres rematadas con pináculos.

Torre de la Casa Botines.

La fachada mezcla influencias de la arquitectura nórdica, gótica y renacentista. La cercanía del Palacio de los Guzmanes y la admiración que la Catedral de León provocó en el místico y muy religioso Gaudí le influyeron a la hora de diseñar el ritmo simétrico de las ventanas y la distribución de las cuatro fachadas.

La ruta por el León modernista exhibe una miscelánea de estilos, influencias y corrientes que deleitarán el paseo de la nueva jornada. Más de 30 edificios entre casas, iglesias, farmacias o cafés, como el café Victoria, que conservan la misma actividad, mobiliario, iluminación y que permanecen intactos exhibiéndose para el visitante como libros de la evolución económica, social y artística de la ciudad. Se abre el tiempo para contemplar arquitectura de ladrillo y piedra como el palacio de Villasinta o el edificio que albergó el Banco de España desde 1902, o la Casa Alfageme, también del mismo año, estos últimos en la avenida Ordoño II, epicentro de la ciudad. Casa Botines forma parte de la Ruta europea del modernismo.

Acercarse de paso hasta la plaza de Guzmán el Bueno, noble leonés, y caminar la ribera del Bernesga, río manso que recorre la ciudad, a través de su paseo de la Condesa de Sagasta o bien entrando por el bulevar de Papalaguinda, te aportará el brío para callejear otro de los barrios míticos de la capital: el Barrio Romántico. Separado del Barrio Húmedo por la calle Ancha, mira al norte atrapado por el Arco de la Cárcel. Sus calles rebosan encuentros y predisponen al ocio y la gastronomía entre casas blasonadas y escultura urbana. Es el lugar perfecto donde perderse una noche en la capital leonesa. Las nuevas corrientes leonesas se dan cita en este barrio al terminar el día.

Tercer día, escapada a la provincia

Si Gaudí y el modernismo leonés han calado hondo en ti, dispones de una oportunidad más para profundizar en los sueños del arquitecto y disfrutar de un paseo por la provincia. El Palacio Episcopal de Astorga, obra inacabada por el arquitecto catalán, es otro juego arquitectónico de magia y fantasía del genio. El edificio combina elementos de un palacio, como terrazas y miradores, y de un castillo, como las almenas y las torres. La planta de cruz latina o el ábside también le prestan elementos religiosos a la sublime construcción. Se dice, que Gaudí proyectó un homenaje al esplendor medieval de la ciudad de Astorga y a una de las diócesis más antiguas y extensas de España.

Palacio Episcopal de Astorga, una de las tres obras de Gaudí fuera de Cataluña
Palacio Episcopal de Astorga.
Catedral de Santa María de Astorga.

Mirando al Palacio se encuentra la Catedral de Santa María, el templo incluye diferentes corrientes artísticas como el gótico tardío, el renacentista, el barroco e incluso el neoclasicismo, debido a la evolución y transformación sufrida durante su largo periodo de construcción. Contemplar la Seo maragata antes de abandonar la ciudad de Asturica Augusta se hace necesario. Después deberás recorrer las calles de la cercana localidad de Castrillo de los Polvazares. Un pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico y que es la reproducción exacta de la aldea maragata y que permanece milagrosamente intacta creando una estampa visual difícil de olvidar. A ambos lados de la calle caserones de baja altura, algunos con blasón y arcos de medio punto, los muros de mampostería de los siglos XVIII y XIX, construidos con piedra y argamasa de color pardo, acompañan el paseo. Las puertas verdes y azules invitan a traspasar sus umbrales. El homogéneo y sereno pueblo huele a leña y cocido maragato que deja un sabor de boca inolvidable de las gentes y la historia en este rincón de León.

Estar en Babia, solo es posible en León (cuarto día)

La comarca de Babia es pura naturaleza.

En poco más de 80 minutos por la AP-66, podrás adentrarse en otro espacio, en otro tiempo. Al norte de la provincia, en su límite con Asturias, nace Babia una comarca ensoñada cuyo semblante dejará profundas emociones en el visitante.

La aldea que lo recibe, Villafeliz, lo indica todo. Hasta allí las crestas de caliza y la paz del agua embalsada en las tierras de Luna habrán acompañado el viaje. De imponentes alturas, las montañas de Babia acogen el nacimiento del río Sil. En sus cercanías, la aldea de la Cueta de Babia, será la primera parada obligatoria que debas hacer. Allí, sus gentes, cercanas y amables, se esmerarán para que comprendas la grandeza de esta tierra.

Aquí, también comenzarás a descubrir los motivos de la expresión ‘estar en Babia‘, ya que todo se da en estas latitudes. Desde el tomillo en sus altas laderas, hasta sus habitantes de franqueza razón.

Por su belleza, porque todo vive en Babia, el territorio era elegido por las más altas clases sociales, y por la monarquía, para alejarse de las intrigas palaciegas, un valor que le acuñó a la expresión el sinónimo de descanso y abstracción. La trashumancia hizo el resto, llevando el sentir de la expresión desde sus montañas hasta los confines de la meseta extremeña. Cuando el zagal abstraído recordaba su verano en estas tierras donde había dejado una parte de su vida, también estaba en Babia. Siglos después, ‘Estar en Babia’ continúa siendo un privilegio para cualquier viajero, cuando sientes su latido bajo los pies y cuyo recuerdo pasará a formar parte incluso de tu nueva forma de ser.

Curiosa pared pintada en una casa de la comarca de Babia.

En Riolago de Babia, otro majestuoso pueblo asomado a la vega que se abre en el corazón de la comarca, podrás embelesarte entre las típicas construcciones con patín y corredor y adentrarte en el Palacio de los Quiñones, hoy, la Casa del Parque, se presenta como centro de interpretación para el visitante y muestra los valores del Espacio Natural Protegido en el que se halla la comarca.

Por si el tiempo se hubiera detenido, aún deberías acercarte a Lago de Babia. La aldea proyecta en sus casas la obra del artista Manuel Sierra. Arte urbano creado y realizado por el pintor babiano que expresa la esencia de sus gentes, sus costumbres y sus quehaceres. Tras la exposición, encontrarás a la cimera del pueblo una laguna de origen glaciar. En el espejo de sus aguas, podrás comprobar que Babia existe y que toda la magia que ha percibido en unas horas también se reflejan en el brillo del lago. Si el ensimismamiento se lo permite, haz fotos, porque Lago de Babia convoca un concurso de fotografía cada año. Quizá la estampa que consiga deba ser compartida.

Otros lugares de interés en Babia:

  • Museo Etnográfico y de la Trashumancia (Torre de Babia).
  • Iglesia de San Claudio (Torrebarrio de Babia).
  • El puente de las Palomas (Piedrafita de Babia).

Por Javier Álvarez

viajarymuchomas.com