El pueblo vallisoletano, el único de España que comienza con la letra doble uve, debe su nombre al rey visigodo que se encontraba en esa localidad en el momento en el que fue designado rey

Wamba, el único pueblo de España cuyo nombre comienza por la letra ‘W’, se encuentra a unos 19 kilómetros de la capital pucelana. Originariamente, la pequeña localidad mesetaria se llamaba Gérticos, un nombre que pasó a la historia en el año 672, merced a una curiosidad histórica que bien pudo pasar en Peñaflor de Hornija o Villanubla, otras dos poblaciones cercanas pertenecientes a la comarca vallisoletana de los Montes Torozos. Pero no fue así. La casualidad hizo que el rey visigodo Wamba estuviera en el momento preciso de su alta distinción en una localidad que tiene, quizá, la iglesia más curiosa (y tétrica) de toda Castilla y León.

Detalle del osario de la iglesia. Fotografía: Eduardo Margareto

La muerte y la vida, protagonistas de su iglesia

La capilla de las Ánimas de la iglesia de Santa María está forrada, en parte, por 2.000 cadáveres y restos óseos de religiosos, niños y mujeres que fueron depositados allí entre los siglos XIII y XVII. Ahí permanecen perennes para recordarnos, a todos, la fugacidad de la vida y decirnos que hayamos sido quien hayamos sido, siglos después de nuestro paso por la vida, no seremos más que un recuerdo de quienes fuimos.

El monumental tetris óseo ha sido víctima también del expolio histórico a lo largo de los tiempos. El más reciente lo cometió el insigne médico Gregorio Marañon, quien, a mediados del siglo pasado, ni corto ni perezoso, cargó dos camiones repletos de huesos para su estudio en la Universidad Complutense de Madrid.

Restos óseos pertenecientes a más de 2.000 cadáveres. Fotografía: E. Margareto.

El resto de antiguos compañeros de los expoliados que siguen como testigos mudos de la vida y de la muerte reciben a los visitantes con un curioso epitafio que reza ‘’Como te ves, yo me vi, como me ves te verás. Todo acaba en esto, aquí. Piénsalo y no pecarás’’.

Pero no todo son calaveras y fémures en la decoración del conjunto, ya que sujetando el conjunto desde su construcción, una columna retorcida en forma de palmera y llamada ‘El árbol de la vida’ objeta a la muerte expuesta en el imponente osario ya mencionado. Esta columna se encuentra como testigo histórico en el emplazamiento final de otra monarca que sigue siendo muy conocida por la zona. La iglesia es un edificio de tres naves, con capillas rectangulares en la cabecera, una serie de dependencias en el lado del evangelio que dan paso a un patio, donde hubo un claustro.

Detalles del interior de la iglesia de Santa María de Wamba, Valladolid. Fotografías: E. Margareto.

Mucho más que un osario

Y es que Wamba fue la última morada de la reina Urraca de Portugal, quien mandó enterrarse en lo que en su día fue el monasterio de Santa María, y que hoy es tan solo una iglesia que fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931. La consorte del rey Fernado II de León y madre de Alfonso IX descansa en la capilla de un conjunto que fue ampliado a finales del Siglo XII, por lo que los estilos románico y el gótico se abrazan en este emplazamiento castellano.

Exterior de la iglesia de Santa Maria (arriba) y detalle ornamental en columna (abajo). Fotografías: E. Margareto.

El rey Wamba, del trono al confesionario

La interminable lista de los reyes godos es una consecución de rey tras rey en la que no siempre se suceden padres e hijos, ya que era una monarquía de tipo electiva y no hereditaria.

El rey Wamba se caracterizó por su lucha contra la corrupción de la Iglesia y para ello convocó un concilio el XI Concilio de Toledo que se celebró en el año 675. También quiso acabar con la facilidad con la que los obispos mantenían relaciones y organizaban asesinatos y al final lo que pasó fue que fueron los propios obispos los que acabaron con tan godo rey. La historia dice que le drogaron, le afeitaron la coronilla y le vistieron con los hábitos religiosos, y en aquella época ser rey y ser clérigo era incompatible. Así que Wamba dejó de ser rey en 680 y vivió plácidamente hasta que la muerte le sobrevino en el monasterio burgalés de San Vicente de Pampliega, hoy desaparecido, en el año 688. Y allí descansó hasta que Alfonso X el sabio quiso llevarse los restos del rey a la que tradicionalmente es el Cementerio de los reyes godos, Toledo.

Pueblo de Wamba, a 19 kilómetros de la capital pucelana. Fotografía: E. Margareto.

Cómo llegar a Wamba desde Valladolid:

Distancia: 19 kilómetros. Salida hacia la A-60 (Valladolid-León). Desviación de la localidad de Zaratán para coger la VA-514 hasta Wamba. Coordenadas GPS: 41.676519, -4.917488

Javier Martín-Calero

Por Javier Martín-Calero

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