Hurraca I

Nació en León en el año 1081, probablemente, un año después de la boda de sus padres. Fue hija del rey Alfonso VI y de su segunda mujer, doña Constanza, quien era la hija menor del duque de Borgoña. 

El nacimiento de la pequeña Urraca sería causa de desavenencias y disputas pues, el matrimonio, la Corte y el pueblo esperaban un varón que pudiera portar la Corona de su padre, por lo que su llegada sería un problema.

Para desgracia mayor, tras el parto, supieron que su madre no podría volver a quedar embarazada con lo cual se abriría otro momento de tensión para el rey que veía improbable la posibilidad de lograr el heredero varón.

De esta manera, la pequeña Urraca, sin saberlo, se enfrentará a un destino incierto y plagado de dificultades. A pesar de lo cual, no obstante, comenzaría a ser educada como heredera al trono, posiblemente, en la Casa del noble Pedro Ansúrez, en disciplinas liberales, equitación, caza y otras artes propias de alguien destinado a ceñir la Corona y dirigir los ejércitos en unos años. 

Cuando la pequeña contaba con 6 años, siendo aún una niña, Urraca fue prometida con un hombre mucho mayor que ella, Raimundo de Borgoña, quien había venido a España en auxilio de su padre ante el avance de los almorávides. De esta manera, la niña se convertía en una mera pieza de negociación en el juego de intereses propios y de poder de su padre, logrando así acercarse a la poderosa abadía de Cluny, centro del poder europeo en aquellas fechas.

Reina de armas tomar

La primera referencia que existe, respecto a este matrimonio, aparece en un documento fechado el día 22 de febrero del año 1093. Este mismo año, moriría la madre de doña Urraca.

Sin embargo, todo cambiará cuando este mismo año 1093, tras una relación de su padre con una princesa musulmana, conocida como Zaida, nazca un varón al que llamarán Sancho y al que el rey, padre de Urraca, tratará como legítimo heredero y, para ello, desde niño lo hará estar presente en posiciones preferentes como testigo de todos los actos políticos de la Corte y la Corona. De esta manera, la joven Urraca perderá su condición de heredera. 

Desde este momento la vida de Urraca cambiaría radicalmente a peor. Sus expectativas políticas cambiarán radicalmente pasando de heredera del reino de León a condesa consorte de Galicia. 

Desde el comienzo de su matrimonio ella será ninguneada e incluso menospreciada por su marido Raimundo quien firmaría como rey de toda Galicia o emperador de toda Galicia, lo que hace pensar que el único interés que tuvo por Urraca fuera acceder al poder y, en un futuro, acceder al trono de su suegro.

Parece que Raimundo era un hombre de carácter dominante e intereses propios que sólo buscaba ampliar su poder a través del matrimonio con la pequeña Urraca, a la que esperaba dominar. De este matrimonio con Raimundo nacerían dos hijos Sancha y Alfonso.

Reina de armas tomar

Cierto alivio para Urraca llegaría en el verano del año 1107, en concreto en el mes de septiembre, cuando Raimundo, muy enfermo, convaleciente en Grajal, cerca de Sahún, abandone este mundo. Su cuerpo sería llevado hasta Santiago de Compostela. Curiosamente, tras este hecho luctuoso, doña Urraca recuperaría cierta libertad y responsabilidades políticas y gubernamentales, aunque solamente sería sobre Galicia, aprovechando el vacío de poder dejado por su esposo. Esta circunstancia haría que tuviese que reunirse con la nobleza y la curia para asegurar una estabilidad futura y las garantías que asegurasen el trono al pequeño Alfonso Raimúndez, hijo de Urraca y Raimundo de Borgoña.

Cuando la estabilidad parecía acomodarse en el reino se cruzaría otro suceso luctuoso inesperado como sería la imprevista muerte del heredero al trono de León, Sancho, el hijo ilegítimo del rey y hermanastro de Urraca. El joven heredero moría con quince añosen la batalla de Uclés, luchando contra los almorávides, el día 29 de mayo del año 1108.

Desde ese momento doña Urraca recobraría nuevamente su condición de heredera al trono y, nuevamente, volvería a alterarse la política leonesa. Será en este momento cuando, antes de morir, el rey Alfonso reconocerá los derechos dinásticos de su hija Urraca. El rey moriría el día 1 de julio del año 1109 y doña Urraca, en ese mismo momento tomaría su primera decisión como reina, la cual sería trasladar el cadáver de su padre el Rey, al Monasterio de San Benito de Sahagún, junto a los restos de su esposa la reina.

En este momento se abriría otra época convulsa. Comenzarán las intrigas palaciegas, la reina se tiene que enfrentar a una Corte de hombres con tradiciones muy marcadas y estrictas, incluso misógina. 

Pasará así los siguientes dos años, viuda y portando la corona enfrentada con gran parte de la nobleza mientras que, el resto de reinos vecinos, amenazan sus territorios. En ese tiempo se enamoraría del conde castellano Gómez González pero la aristocracia concertará su matrimonio, contra su voluntad, con Alfonso “el Batallador” rey de Aragón. Un matrimonio sin amor que solamente buscaba los intereses, volviéndose Urraca a convertir en una mera ficha estratégica que serviría para estabilizar el poder y el futuro del reino. 

Reina de armas tomar

Tras la celebración del matrimonio, ambos cónyuges firmarían un acuerdo de intercambio de garantías. Un pacto de derechos y cesiones que incluiría hasta los derechos dinásticos de los herederos, en el que la reina tendría que aceptar y someterse, en cierta medida, a los criterios de su esposo, volviendo a perder su libertad y los poderes decisorios en los asuntos de la Corte. 

Ella, en un principio, lo acataría en cierta medida pero, paulatinamente, comenzaría a incumplir esa parte de los acuerdos que la impedían inmiscuirse en los asuntos de la Corte. 

Pronto el matrimonio se verá fracasado fruto de la falta de amor pero, fundamentalmente, por la actitud violenta y misógina que mostraba el rey Alfonso hacia su esposa. Algunas crónicas de la época hablan incluso de violencia y maltrato hacia la reina por lo que doña Urraca llegaría a temer por la vida de su hijo, Alfonso Ramírez, fruto de su primer matrimonio. Al parecer, el segundo marido de doña Urraca y padrastro del niño, amenazaría y alardearía en varias ocasiones, de tener intenciones asesinas contra el pequeño y eliminar así al posible heredero, tal y como lo manifestaría la reina en varias ocasiones. 

El matrimonio se rompería definitivamente cuando, el día 13 de junio del año 1110, la reina doña Urraca haga una donación al Monasterio de Silos, firmando como reina de toda España e hija del emperador Alfonso. De esta manera, quedaba evidenciado que ella era quien decidía, ella era quien firmaba y ella era la reina, cosa imperdonable para el esposo que se veía apartado y humillado, tomándolo como una afrenta personal.

La historia cuenta que, tras esta ruptura de su segundo matrimonio, la reina tendría ciertas relaciones con nobles como el conde Gómez González, pero tras desaparecer éste en una batalla, parece que buscaría consuelo en el conde Pedro González de Lara, con quien tendría, al menos, dos hijos, Fernando y Elvira. Esta situación nos hace suponer que volvería a ser dueña de su vida, su libertad y sus decisiones porque ella era la reina y ella era la que mandaba. 

La reina doña Urraca, apodada “la Temeraria” por su carácter indomable, morirá de parto, en su castillo palacio de Saldaña, el día 8 de marzo del año 1126, tras un embarazo que había sido problemático. Su cadáver será conducido hasta la ciudad de León donde recibirá sepultura en el panteón de los reyes de San Isidoro de León.