María de Padilla

Aunque no está documentada con exactitud su lugar de nacimiento ni fecha, todo apunta a que sería en torno al año 1337 y en la casa solariega que poseía la familia en la localidad de Astudillo. Sus padres pertenecían a dos familias de la nobleza media, sin grandes fortunas ni cargos, pero con buenas posiciones sociales y económicas. El padre, don Diego García de Padilla y, la madre, doña María González de Hinestrosa quienes habían logrado reunir abundantes e importantes posesiones que se extendían por buena parte de la cuenca del río Duero y por todo el entorno de la localidad de Astudillo, en la que vivían en su casa señorial. 

Durante los primeros años de su vida, en el pueblo, sería conocida como Maria Díaz. Ya en su adolescencia destacará por su hermosura, viveza, graciejo natural e inteligencia. Las crónicas que hablan de ella la mencionan como una “mujer de buen entendimiento” pero a la vez como “la mas apuesta doncella que por entonces se hallaba en el mundo”. Lo que nos da idea su elegancia y presencia. Se la describe como una mujer de cuerpo pequeño pero de nobles sentimientos, discreta, afable y compasiva.

Reina despues de muerta

Para situarnos hay que recordar que el reinado de Pedro I, no sería fácil, al verse desde el primer momento rodeado de multitud de conflictos con sus hermanastros por arrebatarle la Corona. Además, estaba la Guerra de los Cien Años que implicaba a ingleses, españoles y franceses, fundamentalmente, y la Reconquista española que continuaba incansable. 

Las traiciones, alianzas, pactos y revueltas eran constantes y de nadie se podía fiar el rey. El monarca Pedro I, apodado el Cruel, con sus rivales era implacable y no tenía compasión, sin embargo, en tierras andaluzas y sevillanas, concretamente, se le consideraba el Justiciero y se le tiene verdadera admiración y respeto. 

Ante esta situación de inestabilidad, la nobleza vivía permanentemente atenta a las evoluciones políticas del momento para inclinarse hacia un lado u otro y no caer del lado de los perdedores y en desgracia. 

Por ello, durante el año 1352, la hermosa María de Padilla que se había criado en la casa de Isabel de Meneses, esposa del poderoso Juan Alfonso de Alburquerque, sería presentada por su tío Juan Fernández de Hinestrosa, hermano de su madre, al rey castellano Pedro I, en la localidad de Sahagún, en una maniobra orquestada por don Juan Alfonso de Alburquerque que, al tiempo de estar preparando los esponsales del monarca con la infanta francesa doña Blanca de Borbón, intentaba preparar una doble jugada con la intención de afianzar su poder en la Corte, pues el monarca no era muy proclive a los franceses y prefería a los ingleses. 

Esta boda que iba a realizarse era fruto de la alianza firmada entre franceses y españoles en la Guerra de los Cien Años, contra los ingleses. 

Reina despues de muerta

Tras este encuentro y conocer el rey Pedro a la hermosa María de Padilla, el monarca quedaría completamente obnubilado bajo la influencia subyugadora de la espectacular belleza de aquélla mujer, de la que quedaría profundamente enamorado.

Las fuentes de la época relatan que, en junio del año 1352, María ya acompaña al rey y compartían convivencia. Ese mismo año, María, recibiría, por concesión del monarca, el señorío de Huelva.

En el año 1353, en Valladolid, se celebraría la boda entre el monarca y la infanta francesa doña Blanca de Borbón pero, a los dos días de la boda, el rey abandonará a su esposa para reunirse con su amada María de Padilla. 

Al parecer, el rey continuaba locamente enamorado de su amante pero, además, la situación se agravaría cuando los franceses no hicieran el pago prometido como dote por la boda y, como colofón de males, el rey Pedro se enterase del supuesto romance habido entre Blanca de Borbón y su hermanastro Fadrique, durante el viaje de traslado de la novia desde Francia hasta Castilla. En ese instante, Pedro abandonaría definitivamente a su reciente esposa, mandándola prender y mantener cautiva hasta el día de su muerte, a la que nunca más volvería a ver, para juntarse nuevamente con su amada.

Durante el año siguiente, 1354, se produciría un distanciamiento entre el rey y María de Padilla ante el nuevo enamoramiento, profundo pero breve, del monarca con doña Juana de Castro, con la que terminaría casándose impulsiva y repentinamente. Al parecer María, estaría cansada de ver tantas infidelidades y desplantes por parte de su amado Pedro.

Reina despues de muerta

El rey Pedro era un hombre de marcado carácter mujeriego, irascible y caprichoso que, ante la más mínima duda o sospecha, mandaba prender y ajusticiar a sus más leales y nobles servidores. Esta situación haría que doña María de Padilla, según parece, pasase algunas temporadas “huyendo”, sin residencia fija y viajando de unos lugares a otros sin permanecer mucho tiempo en el mismo emplazamiento para no ser descubierta. Conocemos que entre los años 1353 y 1354 estuvo en Córdoba, Montalbán, Toledo, Olmedo, Castrogeriz, Tordesillas o Urueña, entre otros lugares.

Esta situación generaría a María un terrible dolor y decepción que la haría pensar en retirarse a un convento pero, pasado algún tiempo, cuando el romance parecía terminado, el rey volvería a acercarse a su lado, al perder el amor que sentía por doña Juana. 

Se conoce la existencia de una carta en la que el pontífice se dirigirá al rey Pedro, durante el año 1356, en la que califica a doña María como una mujer adultera, concubina y algunas otras “lindeces” similares, reprochando esta relación entre ambos. 

En el año 1358 María de Padilla se entrevistaría en Sevilla con el hermanastro de Pedro I, don Fadrique, al que mostraría su temor a ser asesinada por el monarca, en algún momento de ira.

Reina despues de muerta

En el año 1361, doña María de Padilla moriría en la ciudad de Sevilla. Según contarían las crónicas del momento “morirá de sus dolencias”, las cuales nunca se conocieron. Cierto es que pudo ser una muerte natural pero también es cierto que sería una muerte un tanto extraña, tan habitual en aquellos años.

Cuando sucedió el fallecimiento de doña María de Padilla, el rey Pedro se encontraba lejos de Sevilla aunque sus tentáculos eran muy largos. También consta, según recogieron algunas crónicas del momento, que el monarca lloraría amargamente, al enterarse del suceso, y que mandaría hacer en Castilla grandes duelos por su amada.

Al año siguiente el rey convocaría, supuestamente, en la ciudad de Sevilla a las Cortes. En ellas, el rey Pedro I, intentaría legalizar su matrimonio con María de Padilla, declarando que se había casado con ella, secretamente y sin que nadie lo supiera antes de su boda con la infanta francesa Blanca de Borbón, dando los nombres de los supuestos testigos. 

Alguna crónica dice que el arzobispo de Toledo pronunciaría un discurso intentando justificar el matrimonio, aunque ninguna rigurosa investigación histórica puede justificar ese matrimonio.

En esa misma sesión de las Cortes se declararían herederos a los hijos tenidos con María de Padilla, principal intención de aquella declaración. Allí, el rey reconocería como hijos legítimos suyos a Alfonso, muerto antes de cumplir una año, y sus tres hermanas, Beatriz que acabaría en el Convento de las Clarisas de Tordesillas, Valladolid, Constanza que casaría con el noble inglés, duque de Lancaster, e Isabel quien casaría con otro noble inglés.

Maria de Padilla sería enterrada en el Convento de las monjas Clarisas de Nuestra Señora de los Ángeles, en Astudillo, fundado por ella en el año 1354. Posteriormente, tras ser reconocida como reina, en esas sospechosas Cortes celebradas en Sevilla tras su muerte, sus restos mortales serán trasladados a la catedral de Sevilla, para reposar como una reina.

Reina despues de muerta