Un bosque de cuento

A 40 kilómetros de la capital, en dirección a Asturias por la carretera N-630, la Montaña Central Leonesa alberga uno de sus parajes con más encanto: el Faedo de Ciñera de Gordón, al que se accede fácilmente desde la localidad, que da la bienvenida al visitante recomendando estacionar los vehículos y disfrutar de un agradable paseo que se inicia en el centro del pueblo, con carteles indicadores nada más atravesar la plaza de la iglesia, en la que un homenaje en forma de lámpara de minero recuerda su largo siglo de historia vinculada al carbón. Junto al puente del acceso principal a Ciñera, otro ‘monumento’ mantiene en la memoria el recuerdo de seis mineros que murieron asfixiados por el grisú en 2013; los últimos que despidió la comarca, poco antes del cierre definitivo de sus explotaciones de interior. 

Faedo

Al inicio del camino hacia el Faedo, un mural del artista Sergio Canga (Esecé) exalta el amor eterno de la pareja de ancianos que lo protagoniza. Poco después, una gran bolera acompaña el breve trayecto hasta el camposanto, que se deja atrás para aproximarse, poco a poco, a una meta ya cercana, pero antes una especie de capilla-museo invita a una breve parada.

Tras un breve descenso, no tardará en llegar el inicio de este hayedo, de este bosque pequeño y acogedor, que de repente sumerge en un ambiente como de cuento, con una belleza coqueta y fresca, que inevitablemente sorprende en una primera visita y que siempre resulta apetecible. En total, el recorrido de ida y vuelta no alcanza los cuatro kilómetros, sin ninguna dificultad, en el corazón de la Reserva de la Biosfera Alto Bernesga.

Faedo

Fagus y Haeda

En la actualidad, son miles las personas que cada año pasan por el Faedo, por lo que se hace imprescindible una mínima conciencia medioambiental para preservar un paraje que atesora ejemplares centenarios, entre los que destaca Fagus, con 32 metros de altura, más de seis de perímetro y medio milenio de existencia. Junto a esta imponente haya, el visitante perdería parte del encanto del lugar si no se detiene unos minutos para leer el cuento que una vecina de Ciñera, Josefina Díaz, escribió a modo de legado para su primera nieta. Así, conocerán a Haeda, una bruja que supo utilizar sus poderes para hacer el bien. También el carbón es protagonista de esta historia convertida ya en leyenda.

¿Cuándo ir?

Aunque el Faedo no decepciona en ninguna época del año, el otoño viste de muy atractivos contrastes este espacio natural que en 2007 fue elegido como el Bosque Mejor Cuidado de España, gracias al proyecto ‘Fagus: 500 años de Historia 1508-2008’ de la Asociación de Madres y Padres del colegio de la localidad. Un vecino de Ciñera, Juan López del Moral, fue uno de los principales valedores de un Faedo en el que reposan sus cenizas. Si la visita se hace avanzada la estación y la lluvia ha sido generosa, la ‘música’ del agua acompaña y potencia el disfrute de los sentidos hasta el final del trayecto, donde incluso se puede chapotear entre las rocas. También es toda una experiencia recorrerlo con la presencia de nieve. Las paradas para hacer fotografías se harán irrenunciables en cualquier caso.

Faedo

Una vez finalizado el recorrido, un cartel anuncia la posibilidad de continuar otros 11 kilómetros de ruta, ésta no tan sencilla pero tampoco de gran dificultad, para llegar hasta la Cueva de Valporquero, auténtica joya del municipio de Vegacervera… pero esa es otra historia.

Comer en Ciñera

La oferta gastronómica no es escasa, a pesar de tratarse de un pueblo de unos 770 habitantes. La plaza de la iglesia y la cercana calle Amadeo Larán alojan buena parte de la oferta hostelera, con posibilidad de comprar bocadillos, sandwiches e incluso comer a base de raciones. Si disponen de tiempo suficiente, el restaurante La Hornaguera, situado a pie de carretera a la entrada del pueblo, superará ampliamente las expectativas, con un menú del día (cierra los martes) a muy buen precio. 

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Si optan por tomar algo en cualquiera de las terrazas de la plaza, tendrán a la vista a San Miguel, patrono del pueblo al que alguna vez los jóvenes dieron un baño en las frías aguas del río Bernesga como castigo por la incesante lluvia durante las fiestas locales. 

Y, por supuesto, los amantes de la pesca deben saber que desde los dos puentes del pueblo es habitual ver truchas de distintos tamaños.

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