17 espacios imprescindibles para conocer la ciudad Patrimonio de la Humanidad y fundada por el general romano Marco Claudio Marcelo

Escuchas el nombre de Córdoba e irremediablemente la palabra Mezquita salta a tu mente. Es lógico, es un monumento único en el mundo que demuestra el esplendor de una urbe que llegó a rivalizar en número de habitantes con Constantinopla, Damasco o Bagdad. Pero la ciudad que fundó en el siglo II a. C el general romano Marco Claudio Marcelo, a orillas del Guadalquivir y al abrigo de Sierra Morena, resume con sus olores, colores, sonidos un pasado que permite al visitante sentirse romano, musulmán, judío o cristiano en el mismo tiempo que dura un chasquido de dedos.

Patrimonio de la Humanidad desde 1984, Córdoba huele a azahar y suena a guitarra. Sabe a salmorejo y a robo de toro. Brillan sus piedras y rezuma acento andaluz. Muchas fueron las civilizaciones que quisieron conquistarla y quienes la visitan son hoy los conquistados entre sus murallas y sus zigzagueantes calles. 

Fue un gran foco cultural e intelectual. Allí nació Séneca y también acogió a grandes matemáticos, científicos, médicos, filósofos, pensadores, como el judío Maimónedes o el musulmán Averroes, a grandes capitanes como Gonzalo Fernández de Córdoba, a pintores como Julio Romero de Torres y a escritores como Antonio Gala. Fue capital califal y punto de partida para el ataque final a la España musulmana que resistía en Granada.

Consejos para visitar Córdoba en 48 horas

No es de extrañar que el Patrimonio y puntos de interés que se le presentan al visitante sean múltiples. Si solo dispones de un día para ver Córdoba, quizás debas plantearte realizar a primera hora un tour free, a cambio de la voluntad, que te permitirá tener nociones de la historia de la ciudad y te servirá para priorizar y programar las visitas durante tu fugaz escapada.

Como consejo dos días es el mínimo tiempo que requiere Córdoba. Presume de ser uno de los cascos históricos más amplios de Europa “con permiso de Venecia”. No sabemos si es cierto, pero de lo que si estamos seguros es que el sinuoso trazado de las calles hace que la visita se prolongue.

En VYMM hemos confeccionado un posible itinerario que, de seguirlo, te llevará por 17 rincones imprescindibles en tu primera visita a Córdoba. ¿Nos sigues?

Qué ver en Córdoba en 48 horas: 17 imprescindible

1. Mezquita (y Catedral) de Córdoba y su Patio de los Naranjos

Cubierta de la Mezquita.
Arcos en la Mezquita de Córdoba.

Un bosque de columnas hipnótico y de arcadas bicolores te espera nada más traspasar la puerta de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Nada menos que 856 columnas de mármol, jaspe y granito, unidas por 365 arcos de doble herradura, iluminados con la tenue luz de lámparas bizantinas y los rayos de sol que se cuelan por sus ventanas.

En un solo edificio se resume la evolución completa del estilo omeya en España, del gótico, el renacentista y el barroco.

Construida por Abderramán I a partir del año 786, sobre una iglesia visigoda, experimentó sucesivas ampliaciones (tres en concreto) que la convirtieron en el edificio más relevante del al-Andalus y del occidente musulmán en tiempos del califato de Córdoba, con capacidad para albergar a más de 30.000 feligreses. Como una de las miles de curiosidades, decir que, quizás por un error de cálculo, la mezquita no apunta hacia la Meca, sino hacia el Guadalquivir.

En 1236 con la conquista Cristina de Córdoba por Fernando III se ponía punto final a cinco siglos de culto islámico en la Mezquita y se iniciaba un periodo de reformas parciales con la construcción de capillas y elementos cristianos, aunque no fue hasta 1523 cuando se inició la edificación de la actual catedral dentro de las naves de la mezquita. La orden la dio Carlos V, si bien cuando vio el resultado, según la leyenda, pronunció una frase lapidaria: “Habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes”.

Lo cierto es que la integración respetó gran parte de la antigua mezquita y no ocurrió como en Toledo o Sevilla, donde la apisonadora demolió las salas de oración musulmanas. La de Córdoba es la síntesis entre el arte y la cultura islámica y cristiana elevada a joya, ya que es la única mezquita del mundo que alberga una catedral en su interior.

Para comprender su magnetismo y respirar ese aire conciliador de su interior lo mejor es comprar la entrada (11 euros general) y seguir las explicaciones que proporcionan las audioguías. O si lo prefieres puedes hacer un tour guiado (aproximadamente 24 euros), muy demandado por los visitantes, si bien su duración de una hora, u hora y media, se queda en ocasiones escaso para personas ávidas de curiosear y conocer todos los rincones que ofrece. Una tercera opción es acudir de forma gratis en horario de culto o bien concertar cita para visitarla de noche.

2. Patio de los Naranjos y Torre del Campanario

Interior del Patio de los Naranjos.

Ahora, para saborear la magia de la Mezquita, date el capricho de disfrutar de un paseo relajado por el Patio de los Naranjos y detente a contemplar esas vigas de madera que cuelgan de las paredes bajo los soportales. Son una serie de piezas califales, compuestas por tableros de los artesonados que pertenecieron a la Mezquita y que se encuentran en perfecto estado de conservación.

Naranjos, palmeras y cipreses se distribuyen en hileras, como si de una proyección de las columnas del interior se tratara. El agua juega un papel importante en este espacio, antiguamente destinado a las abluciones musulmanas, con la presencia de surtidores y de las dos fuentes. Es el momento de que busques, sin prisa, las distintas perspectivas que ofrece el patio tanto del edificio como de la Torre Campanario.

Será buena idea que descanses porque todavía te falta subir los 203 escalones que te separan de la cima de la torre (precio tres euros). A 54 metros de altura, las vistas que ofrece esta marca de identidad de la ciudad son magníficas. Es el antiguo alminar de la Aljama. Aunque ha sufrido distintas reformas, en su interior pueden adivinarse huellas de su primitiva construcción. Si antes de la reconquista, era el muecín quien llamaba a los fieles a la oración, ahora son las campanas quienes advierten de que llega la hora de misa. Sus campanas son tan potentes que se escuchan en gran parte de la judería.

3. Triunfo de San Rafael y Puerta del Puente

Sal por alguna de las cinco puertas del Patio de los Naranjos, aunque lo más recomendable es hacerlo por la Puerta del Perdón, que se encuentra casi a los pies de la Torre del Campanario. Rodea el perímetro de la Mezquita y comprobarás su descomunal tamaño, solo superada por la Mezquita de La Meca y la Mezquita Azul (Estambul). Cada puerta tiene su misterio. No hay ninguna igual.

En dirección al río Guadalquivir, o al ‘gran rey de Andalucía’, que diría el poeta cordobés Luis de Góngora, una gran columna nos hizo levantar la vista. Era el Triunfo de San Rafael, construido entre los años 1765 y 1781, el más espectacular de los diez que la ciudad dedica a un arcángel al que los cordobeses adoran porque en el siglo XVII les salvó de una fuerte epidemia de peste y más tarde avisaría a sus vecinos de una gran riada.

Es paso obligado para acercarse a la Puerta del Puente. Actualmente en obras, una lástima porque desde arriba se puede observar una magnífica panorámica de todo el entorno monumental. Fue una de las quince puertas que permitían en época medieval acceder a la ciudad. De todas ellas, se conservan otras dos: la Puerta de Almodóvar y la de Sevilla.

4. Puente Romano o Puente Viejo

Puente romano de Córdoba.

Dos pasos más allá verás ya ese Guadalquivir que antaño fue navegable hasta la ciudad para asomarte a su puente romano, aunque de esa época queda la cimentación y el trazado. Levantado en piedra en el siglo I a.C por los romanos, fue el único en la ciudad durante 20 largos siglos. La estructura actual data del medievo y está sostenida por dieciséis arcos (17 en origen).

Camina sin prisa a lo largo de sus 331 metros de longitud. Dejarás a un lado la vista de la mezquita para acercarte a la Puerta de Calahorra, pero antes asómate al río y disfrutarás de esos molinos medievales, como el Molino de San Antonio, en plena reserva natural de Sotos de la Albolafia, donde aún es posible ver el vuelo de numerosas especies de ave.

En mitad del puente, saluda al segundo tributo al arcángel San Rafael, con sus velas encendidas, y no pares de hacer fotos hasta que llegues a la torre porque la vista merece la pena. Un consejo. Deja que el sol caiga levemente sobre el puente para contemplar un bonito atardecer en este escenario de ‘Juego de Tronos’.

5. Torre de Calahorra

Torre de la Calahorra.

Una fortaleza, la torre de la Calahorra, cierra el puente por el sur. Esbelta, a la par que austera en su exterior, el torreón tiene origen islámico y se levantó para proteger la entrada al puente y, por tanto, a la ciudad. Rodea la estructura y no dudes en entrar a visitarla.

Alberga el Museo Vivo de Al-Andalus, una forma de descubrir la importancia de la convivencia de las culturas cristiana, musulmana y judía durante la época califal. Maimónides, Séneca, Averroes y el rey Alfonso X el sabio, aunque no fueran coetáneos, nos hablan en su interior, como paso previo para ir ascendiendo hacia el mirador desde el que volver a deleitarse con la estampa de la mezquita al fondo y el Guadalquivir a tus pies.

(Abierta en invierno de 10 a 18 horas de forma ininterrumpida por un precio de 4,50 euros)

Desanda tus pasos por el puente romano y camina hacia el Alcázar de los Reyes Cristianos. Te encontrarás un gran molino del siglo XIV. Tal era la importancia de la medieval rueda de la Albolafia que esta aparece reflejada en el escudo de la ciudad. Un dato curioso. Estuvo en uso hasta que la reina Isabel la Católica ordenó su desmontaje en 1492. ¿Por qué? El ruido de los cangilones le resultaba insoportable a la reina que vivía a escasos metros en una de las torres del Alcázar y mandó que cesara de girar.

6. Alcázar de los Reyes Cristianos

Alcázar de Córdoba.

Te aproximas al actual Alcázar de Córdoba, el segundo monumento más visitado de la ciudad. Esta fortaleza casi inexpugnable fue levantada sobre restos de la Córdoba romana, la Córdoba visigoda y la Córdoba musulmana. De hecho, el rey Alfonso XI de Castilla la mandó edificar en el siglo XIV en el lugar que ocupaba el Palacio Omeya, hasta que Abderramán III la fue abandonando en favor de la ciudad palatina de Medina Azahara, a ocho kilómetros de distancia, cuando fundó el Califato independiente de Córdoba en el siglo.

Sirvió de alojamiento a diferentes reyes cristianos durante sus estancias en Córdoba y desde 1482 los Reyes Católicos utilizaron este fortín como cuartel general desde el que dirigir la reconquista de Granada, finalizada en 1492. Hasta allí mismo, se cuenta, que Cristóbal Colón se desplazó para pedir a la reina Isabel I de Castilla dinero para su viaje a América. Fue sede de la Inquisición, cárcel y acogió instalaciones militares.

Hoy es visitable, aunque la situación actual merma, y mucho, el recorrido que se puede realizar. Imposible subir a las almenas desde las que se divisaba una vista inmejorable de los jardines del complejo y del Guadalquivir. Imposible bajar a los baños de doña Leonor.

La visita se reduce prácticamente al Salón de los Mosaicos, donde se encuentra una importante colección extraía de la Plaza de la Corredera, que en su momento albergaba la entrada al circo romano.  Y a pasear por sus jardines de inspiración mudéjar, llenos de flores, salpicados por distintos estanques escalonados y adornados con palmeras, naranjos, limoneros o cipreses recortados como columnas. Dedica unos instantes a contemplar cada una de las estatuas de todos los monarcas que vivieron o formaron parte del Alcázar, como la estatua en la que se representa a Cristóbal Colón junto a los reyes Católicos.

7. Barrio de San Basilio (el de los patios) o Barrio del Alcázar Viejo

Antes de perderte en un barrio de fachadas encaladas, de patios rebosantes de macetas, de flores y de fuentes, y de tabernas típicas de esas en las que vive el duende, puedes entrar en la ‘Catedral para los caballos’, como describiría el poeta granadino Federico García Lorca a las Caballerizas Reales.

Ya en el barrio de los patios, junto a la Torre de Belén, te recibirá en bronce Luis Navas, un popular rapsoda cordobés al que le descubrirás por la típica capa española y su sombrero. Tres calles principales tiene el barrio, la Postrera, la de En medio y la de San Basilio, porque, como repiten los guías, los cordobeses “no parecen ser muy originales a la hora de poner nombre a sus calles, plazas o rincones”. “Que hay naranjos, patio de los Naranjos; que había tiendecillas, plaza de las Tendillas; que hay flores, calleja de las Flores…”

Las casas de este barrio, que están habitadas, abren las puertas de sus patios para el disfrute turístico en el mes de mayo, momento en el que tiene lugar desde 1918 el Festival de los Patios, único en España, por algo son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Patios de Córdoba con sus tradicionales artes florales.

Pero si tu visita no coincide con ese mes, tranquilo, hay tres patios en la calle San Basilio (número 17, 20 y 44) que te permitirán, sin lugar a dudas, hacerte una idea de los tesoros que guardan el resto de viviendas. Un deleite para los sentidos. No hay ninguno igual y lo suyo cuesta, tanto en dinero como en esfuerzo para mantenerlos tan floridos.

Camina sin rumbo por el barrio y, con suerte, podrás entrar en alguno más y comprobar con tus ojos cómo desde los romanos, y más tarde los musulmanes, trataron de adaptar las viviendas a una climatología tan calurosa como la cordobesa. Una escultura muy decorativa, en el que un abuelo da una maceta a su nieto, subido en una escalera, simboliza el paso de la tradición de generación en generación.

8. Baños del Alcázar Califal

Tras ese estallido de color y olor, es una buena opción bajar a los Baños del Alcázar Califal (en la imagen principal), que fueron descubiertos de forma accidental en 1903 durante unas excavaciones realizadas en el Campo de los Santos Mártires y más tarde en 1961 por un grupo de historiadores cordobeses.

Estaban, con toda probabilidad, contiguos al desaparecido Alcázar omeya y eran los más importantes que hubo en la ciudad. Durante el recorrido, el visitante conocerá, a través de una recreación, cómo eran este tipo de baños árabes durante el califato, ya que el hamman reproduce el ambiente íntimo al más puro estilo árabe. No falta la música andalusí ni esa luz tenue que permite transportarnos a otra época.

Realizados bajo el califato de Alhakem II, y reutilizados durante los siglos XI al XIII por almorávides y almohades, forman un conjunto de estancias, cerradas con bóvedas y sus característicos lucernarios de estrella. La entrada tiene un precio de 3 euros.

9. Muralla de Córdoba hasta la Puerta de Almodóvar

Muralla de Córdoba.

El paseo bien puede continuar por la singular calle Cairuán (nombre que se debe al hermanamiento de la ciudad de Córdoba con la tunecina de Kairouan, cuya mezquita muestra similitudes con la cordobesa). Cada paso acompaña al visitante por albercas y canalillos con agua que discurren paralelos a la muralla que abraza la medina. Situada sobre la anterior romana, el aspecto actual es fruto de las reconstrucciones del pasado siglo.

Una estatua en blanco del médico y filósofo andalusí Averroes (Al-Walid Muhammad Ibn Ahmad Ibn Rushd, ahí es nada) dan la bienvenida al paseo que culmina a los pies de una escultura de Séneca, ataviado con una romana toga y sosteniendo en una mano un pergamino enrollado, como si de un diálogo a distancia se produjera entre el Islam y Roma.

10. Barrio de la Judería. Entrada por la Puerta de Almodóvar

Séneca se erige en perpetuo centinela de la Puerta de Almodóvar, la vieja puerta musulmana que es la entrada principal al barrio de la judería. A partir de ahí, se abre un mundo de calles zigzagueantes que concluyen en patios escondidos, callejones con sorpresas al más puro estilo andaluz, casas que hablan de historia, fachadas encaladas y decoradas con floridas macetas… la auténtica magia cordobesa de la que es imposible no enamorarse.

Lo ideal es perderse y descubrir de forma parsimoniosa las sinuosas y tortuosas callejuelas del barrio, y hacerlo sin rumbo. Deja extramuros el estrés y entra en la zona más antigua de la ciudad; esa que refleja la relevancia de la comunidad judía en la ciudad hasta que los Reyes Católicos dictaron su expulsión. Pero si hay una calle que no te puedes saltar en la visita es la Calle Judíos. Guarda el eco de remotos pasos sefardíes y concentra un gran número de puntos de interés hasta la Plaza de Maimónides.

La vía conduce, paralela a la muralla, hacia la Sinagoga de Córdoba, un pequeño edificio que data del siglo XIV. No solo es la única de Andalucía, sino que es una de las tres mejores conservadas en España. Un patio da paso a un pequeño vestíbulo. A la derecha, el acceso a la zona femenina. Al frente, la estancia principal, de planta cuadrangular. Fue utilizada después como hospital, ermita y escuela infantil. Una acertada restauración en 1929 permite disfrutar de nuevo de ella de forma gratuita.

Antes habrás visto el cartel de la casa Andalusí. No lo dudes, adéntrate en ese coqueto museo, lleno de color y olor. Es en esencia cultura andalusí. Y unos pasos más allá, la casa de Sefarad, un museo dedicado a rescatar la memoria de los judíos que vivieron en Córdoba. (Ambas tienen un precio de cuatro euros)

No dejes pasar un angosto callejón con unos arcos que sale a la izquierda. Te conducirá al Zoco municipal o Zoco de la Artesanía, uno de los primeros mercados artesanos de España. Está en un edificio de estilo mudéjar de dos plantas y, cómo no, con un patio al más puro estilo cordobés. No podrás resistirte a sacarle mil y una fotografía porque es más que un patio. A su alrededor se sitúan talleres propios de expertos artesanos, donde puedes adquirir piezas de cerámica, joyería, marionetas de madera, esculturas en papel marché, cueros… y la famosa filigrana cordobesa.

Estatua dedicada al filósofo y médico cordobés Maimónides.

Vuelve a la calle Judíos para ‘conversar’ con Maimónides, mientras este teólogo, filósofo y médico que nació en Córdoba en 1135 y murió en El Cairo permanece sentado. Es tradición que todo aquel que se acerca pase la mano por sus pies si quiere volver a visitar Córdoba y por su libro si se está en busca de sabiduría. Probar es gratis. Cierra la calle judíos la Plaza de Maimónides, donde se encuentra el Museo Taurino (entrada 4 euros).

Sigue callejeando y con toda probabilidad llegarás de nuevo a la Mezquita. Su torre campanario te guiará. Desde allí encuentra la calleja de las Flores. La habrás visto en mil y una fotografías de Córdoba porque parece sacada de una postal, con sus preciosos balcones repletos de macetas y flores, el caño fresco de la fuente, y como telón, la torre de la Mezquita. Y no muy lejos la calle del Pañuelo. Si la visitas, entenderás por qué lleva ese nombre.

Ya no hay tiempo más que para echar un ojo de nuevo a ese patio de Naranjos y cenar en la Ribera del Guadalquivir, en o en alguno de todos esos restaurantes que en tu peregrinaje habrás descubierto. Coge fuerzas porque en el segundo día en Córdoba también tendrás mucho que patear.

Segundo día en Córdoba

1. Plaza de las Tendillas

Abre el mapa de Córdoba y dibuja un círculo con epicentro en la Mezquita. Nos vamos, de momento, fuera de la Judería. Empezamos el recorrido en la Plaza de las Tendillas, por aquello de que estaba repleta antiguamente de tiendecillas. Es el corazón urbano de la ciudad y de ella parten algunas de las arterias principales que irrigan la vida de Córdoba.

El Gran Capitán (Gonzalo Fernández de Córdoba) os saluda desde el centro, con su característica cabeza blanca construida en mármol, en contraste con el bronce del resto del cuerpo y el caballo, para que destacara su privilegio intelecto a la hora de proyectar la guerra contra el Reino de Granada o las guerras en Italia bajo el mandato de los Reyes Católicos.

Y atentos a los cuartos de hora y a las en punto. Su reloj no da unas campanadas al uso, sino toques de guitarra flamenca por soleá. En 2021 celebró sus primeros 60 años acompasando la vida de los cordobeses y acompañándolos en cada entrada de año nuevo.

2. Templo Romano

Columnas del Templo Romano de Córdoba.

De allí sigue por la calle Claudio Marcelo y ¿qué ves? Enormes columnas de mármol que son parte del Templo Romano de los tiempos del emperador Claudio Marcelo. Se cree que pudiera empezar a construir entre los siglos I y II d.C. Fueron descubiertas en los años 50, gracias a unas obras de ampliación de las dependencias municipales. En el suelo se distinguen capiteles, fustes y otros elementos originales del templo.

3. Palacio de Viana

Coge la calle Capitulares y en el corazón del barrio de Santa Marina se encuentra una casa palaciega, distinta a otras. Hablamos del Palacio de Viana. Tras sus discretos muros blancos se esconde la posibilidad de realizar un recorrido histórico y sensorial a través de cinco siglos de vida de los patios cordobeses. Todos los estilos están allí representados: los señoriales, los populares, los modernos, los ajardinados… Puede ser un perfecto broche para entender por qué son seña de identidad de la ciudad. (Visita completa 10 euros. Solo patios 6 euros. Solo palacio 6 euros)

4. Cristo de los Faroles y Cuesta del Bailío

Sube los 32 escalones de la Cuesta de Bailío y llegarás a la Plaza de los Capuchinos. Se trata de uno de los lugares más buscados de Córdoba porque allí se encuentra el famoso y solitario Cristo de los Faroles o, más bien de los ocho faroles, uno por cada una de las provincias andaluzas, sobre un suelo especialmente adoquinado. Protagonista de coplas, canciones populares y hasta de una película, es quizá la escultura más venerada de la ciudad. Tiene incluso su propia leyenda. Por la noche, la conocerás.

Baja ahora la cuesta del Baílio -una de las entradas de la muralla que comunicaba la Ajerquía con la Medina- y hazlo sin perder detalle de la bella fachada renacentista de la Casa del Bailío y de toda esa pared blanca del Huerto de los Capuchinos, a la izquierda, vestida por un manto de preciosas buganvillas y su estallido de color.

5. Plaza de la Corredera

Regresa hasta la altura del Templo Romano y muy cerca encontrarás. Pronto la descubrirás porque es la única plaza de estilo castellano que existe en Andalucía. Toda ella con soportales y balconadas a tres alturas en un color que recuerda a los arcos de la Mezquita. Se cree que en su día ocupó parte del circo romano. Se utilizó como plaza de toros, como lugar de celebración de actos de fe, pregones y ejecuciones durante la invasión francesa. Hoy, por suerte, es lugar de esparcimiento, con una amplia gama de cafés, restaurantes, bares y terrazas donde reposar el recorrido y digerir lo aprendido.

6. Plaza del Potro

Plaza del Potro, Córdoba.

Pero el viaje aún no ha terminado. Una visita a Córdoba estaría incompleta si, en las inmediaciones del río Guadalquivir y de nuevo en la Judería, no visitas la rectangular Plaza del Potro, presidida por otro Triunfo de San Rafael y por una fuente coronada por un potrillo blanco.

En ella se encuentra la Posada del Potro, a la que se accede de forma gratuita a través de un gran portón. Dentro, un patio irregular alrededor del cual se agrupan las estancias de una antigua posada, con sus balcones con barandas de madera que le han tan reconocible. Tendrás la impresión de hallarte en un auténtico corral de comedia de los siglos XVI y XVII. ¿El huésped más famoso de la posada? Miguel de Cervantes que, maravillado por el lugar, llegó a plasmar la Posada del Potro en su obra maestra, Don Quijote de la Mancha. El edificio, que estuvo funcionando como posada hasta finales del siglo XX, tuvo al parecer un origen más oscuro. Fue una mancebía. En la actualidad, se pueden visitar gratis las cuadras y las dependencias que albergan el Centro Flamenco Fosforito.

Justo enfrente, compartiendo edificio con el Museo de Bellas Artes (gratis), está el   Museo del pintor cordobés Julio Romero de Torres, abierto en 1931, solo un año después de su fallecimiento. Descubrirás porque se dice que ‘Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena, con los ojos de misterio y el alma llena de pena’. (Entrada cuatro euros)

7. Baños árabes

Para cerrar la visita de dos días de duración a la capital cordobesa, el mejor regalo que puede hacerse cualquier viajero es reposar en uno de los baños árabes que están abiertos en la ciudad. Muy cerca de la Plaza del Potro, concretamente en la calle Corregidor Luis de la Cerda, 51, se halla el Hamman Al Ándalus, donde

Otros puntos de gran interés en Córdoba

•          Museo Arqueológico

•          Museo Taurino

•          Museo de la Alquimia

•          Casa Árabe

•          Medina Azahara (a ocho kilómetros de Córdoba)

•          Castillo de Almodóvar (a 22 kilómetros de Córdoba)

Datos prácticos para visitar Córdoba

¿Cómo llegar a Córdoba? Córdoba se encuentra a 400 km. de Madrid. Unas 4 horas en coche. Se puede llegar en AVE desde Atocha Renfe, y tarda aproximadamente 1 hora y 45 minutos. En autobús son aproximadamente 5 horas.

¿Cuándo viajar a Córdoba? El mejor momento para disfrutar de la ciudad es el mes de mayo. En esa fecha se produce el Festival de los Patios, las Cruces y la Feria de Córdoba, si bien es cuando los turistas se agolpan por las calles y resulta complicado, muy complicado, transitar por ella.

¿Dónde alojarse en Córdoba? Si se viaja en la época de temporada alta es recomendable reservar con bastante antelación, ya que los alojamientos se encarecen y se agotan. La mejor experiencia es alojarse en el mismo casco histórico, si puede ser cerca de la Mezquita, como en el modesto pero bien cuidado Hotel Marisa de dos estrellas, con inmejorables vistas al monumento clave de Córdoba. Tan cerca está que casi podrás tocarlo con tus dedos. Si eres de los que prefieres más ambiente por la noche, mejor alójate cerca de la Plaza de las Tendillas o de la Plaza de la Corredera.

Salmorejo, plato típico de Córdoba.

¿Qué comer en Córdoba? La gastronomía típica cordobesa incluye salmorejo, berenjenas rebozadas con miel de caña, flamenquín cordobés, rabo de toro… y a quien le guste el cabello de ángel, su pastel cordobés. No hay restaurante del casco histórico que incluyan estos platos en sus cartas. Mucha es la oferta también de restaurantes marroquís.

¿Dónde comer en Córdoba? Junto al Guadalquivir, el restaurante Moriles de Ribera, con su tradicional cocina cordobesa y andaluza, a base de tapas, raciones o medias raciones, con opciones vegetarianas, veganas o sin gluten. Si prefieres una taberna de siempre, una opción es la Taberna Salinas; un establecimiento tradicional cordobés desde 1879 que combina un buen ambiente con especialidades culinarias, como el cochinillo serrano. Más cerca de la Mezquita, ningún clásico cordobés falta en la mesa de Bodegas Mezquita, en la calle Céspedes. Y cómo no, en una esquina de la mezquita, el popular Bar Santos y sus tortillas mayúsculas de 40 huevos. Parada obligada para tomar una cuña y una cervecita al sol en los propios muros del emblema de Córdoba, su mezquita.

Por Mar Peláez