La profesionalidad con la que las tapas se elaboran en Valladolid tiene alcance mundial

La ciudad es la capital de la tapa, un referente gastronómico que se ha ganado por mérito propio ser sede de competiciones de prestigio, como el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, que se celebra en noviembre

También acogerá ese mes el Campeonato Mundial de Tapas, ¿y no es por casualidad?

Valladolid es la capital de la tapa. Es un referente gastronómico y se ha ganado por mérito ser sede de competiciones de prestigio, como el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, que se celebra en noviembre, o el Campeonato Mundial de Tapas. ¿Casualidad?

La tradición vallisoletana del tapeo se ha elevado a arte culinario y ningún viajero se resiste a abandonar la ciudad sin antes haber sucumbido a recorrerla de ‘barra en barra’. Porque hay muchas formas de acercarse a Valladolid, y una es con el paladar. Es, junto a su patrimonio o su historia, el otro gran atractivo turístico.

Ganadores de la anterior edición del Concurso Nacional de Tapas y Pinchos de Valladolid.

No son gratis, como sí lo son en Granada o en León, pero darse un capricho gastronómico no tiene precio. Cada bocado encierra tradición y vanguardia. Cada bocado habla de Valladolid. Son delicatessen en miniatura. Y si se riega con un vino blanco de Rueda, un rosado de Cigales o un tinto de la Ribera del Duero, de Tierra de León o un vino de Toro, la experiencia será completa.

Ruta de tapas por Valladolid

La lista de establecimientos que miman las tapas en Valladolid sería inabarcable, por lo que en Viajar y Mucho Más hemos elaborado una ruta por algunos de los más destacados establecimientos del casco histórico que dan a Valladolid esa fama.

Emprendemos así un sabroso recorrido gastronómico por el centro histórico de la ciudad. ¿Nos acompañas?

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La Plaza Mayor de Valladolid, una de las más grandes de España y donde el ambiente culinario se huele y se siente.

Plaza Mayor

Es la Plaza Mayor, una de las más grandes de España, el epicentro de la tapa y el pincho en Valladolid. Lo era ayer; lo es hoy. De esa plaza rectangular brotan varias callejuelas estrechas repletas de locales cuyos fogones invitan a un viaje culinario.  

Por más que llueva, La Sepia, El Corcho o La Tasquita continúan ‘calentando’ la tradición ‘tapera’ vallisoletana, mientras ven cómo otros bares o restaurantes se suman a su alrededor a eso de aderezar la devoción por el tapeo.

La Sepia, donde la especialidad es este molusco cefalópodo.

No es de extrañar su longevidad, ya que La Sepia no ha dejado de servir, desde 1974 en la calle Jesús, su venerada e inigualable ración de sepia con alioli -desde 2014 también lo hace desde la cercana Plaza de la Rinconada-. La carta de barra es más amplia, pero nada hace sombra a este molusco cefalópodo, cocinado con maestría. ¿Una de sepia?

O El Corcho (calle Correos), que ofrece, desde hace más de 33 años, la que se considera la mejor croqueta cremosa de jamón ibérico de la ciudad. Pura artesanía.

Y de ahí a La Tasquita (calle Caridad) para caer en las redes de su tartar de solomillo a la pimienta, su tosta de gambas al ajillo o su crepe de rape con salsas de carabineros, que llevan más de tres décadas sus camareros ‘cantando’ y sirviendo a gran velocidad.

Pincho tradicional en La Tasquita.

Estos tres establecimientos bien pueden ser el punto de partida de una ruta por la Plaza Mayor que conquista, sobre todo si el pincho o la tapa se acompaña de un vino blanco de Rueda, un rosado de Cigales o un tinto de la Ribera del Duero, de Tierra de León o un vino  de Toro.

Como conquista a clientes y a los distintos jurados las propuestas que presenta Los Zagales. Desde la calle la Pasión, sus trabajadas delicatessen han logrado en varias ocasiones el Premio Nacional de la Tapa, el Pincho de Oro… Empezamos con su emblemático Tigretostón (pan negro con tostón, cebolla roja, crema de queso y morcilla); el máximo atractivo desde hace más de una década. Seguimos con un Obama en la Casa Blanca, un Tierra-Mar-Aire o una ‘Copa y Puro’ o una ‘Velada para dos’. Deliciosos trampantojos directos al paladar.

Los Zagales es otro de los lugares imprescindibles en esta ruta de pinchos por Valladolid.

Y si de nombres sugerentes hablamos, tenemos que hacerlo de uno de los restaurantes más transitados de Valladolid, el Jero (Correos 11), con su atril repleto de miniaturas a cada cual más sabrosa. ¿Quién se resiste a probar un Messi, un Zapatero, un Matrix o Rajao, uno Galáctico o un Angelillo? Son los originales nombres elegidos para una cocina que es capaz de mezclar mouse de foie con pistachos y confitura de limón. Más de 30 variedades. Pregunta la razón de cada nombre.

No podemos abandonar los aledaños de la Plaza Mayor (calle Pasión o calle Héroes del Alcázar) sin parar en la Mejillonera y probar sus raciones de mejillones ¡a la escocesa, a la marinera, a la vinagreta, con mahonesa, al vapor!, o sus raciones de bravas y sus bocadillos bravos de calamares, en uno de los establecimientos con más solera de Valladolid.

Casa Tino, todo un clásico en el recorrido culinario de la ciudad.

Ni tampoco pasar por alto los mejores torreznos del Alarcón o de los famosos huevos de Casa Tino, ambos en la calle Alarcón.

Zona de Coca

A los visitantes quizás el nombre de esta zona les choque. A escasos metros de la Plaza Mayor se encuentra la Plaza de Martí y Montsó, aunque realmente para los vallisoletanos es simplemente la Plaza de Coca, en honor al cine ya derruido que así se llamaba.

Uno de los establecimientos más demandados es el Villa Paramesa, un restaurante que sirve tapas de alta cocina, galardonadas con distintos premios nacionales y provinciales. En este restaurante, que antes ocupaba la calle Calixto, destaca el cochinillo acompañado de tres salsas: ajoblanco, ponzu y pibil, que se resume en los Tres Cerditos, o las sabrosas miniburguer de añojo, manzana y mayonesa de kinchi y su camarón mexicano: pan de ajo, tartar de carabineros, guacamole, lima y camarones.

Tapa de Villa Paramesa.
Otro de los platos que se sirven en Villa Paramesa.

Justo enfrente está La Teja, con su crujiente de tapioca con fideua de sepia y langostino con toque asiático, o su pavita moruna, una hamburguesa de pavo marinada con especies arábicas. Combina ingredientes de la tierra con sabores de México, Italia y hasta Tailandia.

En La Teja los pinchos se sirven sobre tejas.

En la calle Los Molinos, en las inmediaciones de la Plaza del Poniente, nos encontramos con el siempre Ceyjó, conocido por sus croquetas de huevo que quien las prueba, repite. Por su cremosidad, por su textura. Es un clásico que se sirve en este bar desde que abrió en 1974, por más generaciones que pasen.

Mercado del Val

El Mercado del Val es la última zona de tapas que se ha incorporado a la oferta gastronómica de Valladolid. Se trata de un mercado lleno de historia y de gastronomía. Abrió sus puertas a finales de siglo XIX con un estilo parisino, levantado totalmente en hierro y una cúpula de teja, y 132 años después de su inauguración, y después de años de obras, reabrió reconvertido en una ‘feria’ gastronómica, con gastropuestos que ofertan desde los productos más típicos de Valladolid hasta manjares internacionales.

Curiosa imagen del Mercado del Val, en pleno centro de Valladolid.

Merece la pena degustar las albóndigas de la abuela de La Provinciana, la fusión de platos de cocina vasca con productos gastronómicos de Castilla y León en el Gure Txoko, como sus taquitos de bacalao en tempura, o si prefieres cocina internacional, en Sushimore ofrecen una carta que combina la cocina tradicional japonesa y las nuevas apuestas gastronómicas que consiguen cautivar hasta a los paladares más atrevidos.

Zona de la Catedral y la Antigua

Centro de Valladolid
En las cercanías de la Catedral son varias las paradas ‘obligatorias’, como en La Cárcava.

Damos un pequeño salto y alcanzamos las cercanías de la zona de la Catedral, con parada obligatoria en La Cárcava (calle Cascajares); un recoleto bar que es referencia en la noche vallisoletana desde 1989, y también del vermout. Son famosas sus tostas a base de pan payés, recién horneado, de jabalí con chorizo, o salmón ahumado con eneldo, migas de jamón, tomate y salsa romesco. Delicioso también resulta su Popeye o su Mortadelo y el siempre seguro bocata de lomo al queso o pollo al alioli.

En la calle Fray Luis de León, 22, cita imprescindible con la mesa en el Suite 22, ubicado en las antiguas caballerizas del Palacio del Marqués de Castromonte. Dentro, una cuidada fusión de estilos: arquitectura renacentista y decoración moderna. No hay que perderse el Corchifrito o el conejo de Oro, ambos ganadores de trofeos.

Pincho en El Puerto Chico.

Y de postre…. El Puerto Chico. Está fuera de la ruta por el centro histórico de Valladolid, pero tantos son los premios logrados por sus cocineras Isabel González y Teresa Cordero que bien merece desviarse del camino y acercarse a la calle Nicasio Pérez, junto a la Plaza San Juan. Nos espera allí una Ganeca, una receta preparada con un guiso de gallina negra castellana con matices viajeros o su ya mítica tapa Taj Mahal, servida sobre un elefante. Lujo gastronómico.

Por Mar Peláez

viajarymuchomas.com