Moradillo de Roa, en Burgos, tiene casi tantas bodegas como habitantes. En imagen, la ladera El Cotarro, llena de bodegas

El pequeño municipio burgalés es ejemplo de recuperación de un patrimonio prácticamente enterrado

Moradillo de Roa se ubica en la Ribera del Duero, en la provincia de Burgos, lo que es indicativo de bodegas y buen vino. Hasta aquí, nada extraño. Pero si te decimos que este pequeño municipio tiene casi tantas bodegas como vecinos, seguro que te llama más la atención. Tiene 170 bodegas frente a 190 habitantes, lo que convierte a este pequeño pueblo en todo un ejemplo de la tradición enoturística.

La clave está en cómo Moradillo de Roa ha sabido recuperar un patrimonio que estaba prácticamente enterrado y convertirlo en un atractivo turístico para el pueblo. El éxodo rural y la industrialización de la elaboración del vino fue uno de los causantes de su pérdida, igual que ocurre con otras localidades de la zona.

Algunos expertos cifran incluso entre 5.000 y 10.000 el número de bodegas que nadie usa en toda la comarca, muchas incluso están hundidas.

Vista aérea del municipio de Moradillo de Roa.

Las bodegas ofrecen una imagen espectacular, porque están excavadas en un cerro, llamado El Cotarro, coronado por la iglesia de San Pedro. Las pequeñas puertas de las cuevas parecen querer abrirse paso por la tierra, quedando el resto del habitáculo cubierto por la naturaleza. Como si se tratase de un poblado hecho por hobbits. 

La tradición vitícola de Moradillo de Roa tiene más de 300 años, de cuando las familias elaboraban de forma tradicional su propio vino para el autoconsumo. Entonces no se comercializaba como ahora, y la producción que les podía sobrar se vendía en el mercado del pueblo. Las ganancias no eran abundantes y, en algunos casos, ni siquiera llegaban para cubrir los gastos del mantenimiento del lugar. 

Cuando surgieron las cooperativas, además, muchas de las uvas que se cosechaban se acababan llevando a otras bodegas de la zona. Esto, sumado al éxodo rural de los años 50 y 60, provocó que las bodegas de Moradillo de Roa fueran quedando en desuso hasta llegar el momento en el que una gran mayoría fueron abandonadas. No fue hasta 2015 cuando Nacho Rincón, impulsor del proyecto Moradillo y ex concejal del Ayuntamiento, decidió recuperarlas. 

Para recuperar el patrimonio perdido, Rincón presentó un proyecto de concienciación, protección, mantenimiento, recuperación y puesta en valor que fue aceptado tanto por el Ayuntamiento como por los habitantes del pueblo.  “Lo más complicado era concienciar a los vecinos, pues las bodegas son heredadas de padres a hijos. Para ello pensamos en traer a gente de la universidad y del Museo de Mucientes de Valladolid, entre otros, para que hablaran de cómo el patrimonio se podía recuperar y hacerlo visitable”, afirma en declaraciones al portal Escapada Rural. 

Una vez los vecinos estuvieron convencidos del valor de su patrimonio, desde el Ayuntamiento se aprobó una normativa con el objetivo de proteger la zona. Todas las bodegas tenían que tener unas características y materiales en común, para evitar que nadie se saliera de su estética tradicional. Además, se comprometían a mantenerlas limpias y con los techos desbrozados, para que siempre estuvieran en buen estado.

Imagen de archivo de la fiesta de la vendimia en Moradillo de Roa.

La reconstrucción fue un fenómeno que no esperábamos. En 2016 recibimos el Premio Nacional de Enoturismo por la recuperación del patrimonio”, rememora Rincón. El galardón les impulsó a lanzarse a una nueva aventura: elaborar su propio vino El Cotarro.  

Moradillo de Roa vive de la agricultura y la ganadería. La mayor parte de los vecinos cultivan vid y proveen de uvas a las bodegas de la Ribera del Duero, sobre todo de tempranillo, que es la que más se cosecha. En el 2020, uno de los vinos elaborados con uvas de Moradillo por la bodega Legaris ganó el premio al mejor vino tinto español. 

Aparte de los bienes etnográficos que derivan de la viticultura, el caserío del pueblo ha conservado buen gusto por ser construido mayormente en piedra caliza combinando bien el sillar y sillarejo con la mampostería y dejando retazos visibles de buenos muretes de adobe tradicional, algunos entramados de madera y piedra, y madera y adobe así como tejados a una sola caída de teja simple como siempre ha sido tradicional construir las cubiertas en el valle del Duero.

Hay que añadir que en el entorno cercano discurre el arroyo del Chorrón que forma una alameda y un pequeño bosque de galería que rompen el dominante color pardo gris de los campos. En el término del Egido se sitúa la Ermita en honor de la Virgen del mismo nombre, que contiene ricos artesonados polícromos de tipo mudéjar, y aledaños a ella quedan los restos de las catas y estudios paleontológicos de un poblado de la Edad del Hierro en el término de “Los Ceniceros”.

Moradillo de Roa celebra sus fiestas en honor a San Isidro Labrador (15 mayo) y en honor a Nuestra Señora del Egido (septiembre).

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