Las provincias de Ávila, Burgos, León, Palencia, Segovia y Soria cuentan con auténticas ‘catedrales’ subterráneas

Huele a roca, a agua, a humedad. Huele a profundidad. La tierra se abre a nuestros pies para sorprendernos con un mundo subterráneo que compite en belleza con las maravillas naturales de la superficie. Traspasamos la boca de la gruta y nos adentramos en nueve de las más significativas cuevas visitables que hay en Castilla y León.

No necesitarás escalerillas, ni cuerdas o mosquetones, ni siquiera frontal, y mucho menos equipo de buceo. No hace falta ser un experto espeleólogo para disfrutar de ese estallido de belleza que supone el juego de estalactitas y estalagmitas, de coladas y columnas… a metros de profundidad.

Ávila, Burgos, León, Palencia, Segovia y Soria son las provincias castellanas y leonesas que cuentan con auténticas ‘catedrales’ subterráneas, creadas a capricho del agua, de manera lenta pero constante, durante millones de años y que han servido de refugio, de necrópolis e incluso de lienzos para el arte prehistórico.

¿Preparados para descubrir esas cavernas milenarias? Bajamos

1. Cuevas del Águila, Arenas de San Pedro (Ávila)

Fue la casualidad la que hizo que salieran a la luz la Cuevas del Águila, en el municipio abulense de Arenas de San Pedro, en pleno Valle del Tiétar, cuando cinco jóvenes en 1963 se percataron de que salía vapor por un agujero en el Cerro del Águila.

Un año después, tras incontables trabajos de acondicionamiento, abrió al público una gran gruta de caliza cristalina de 50 millones de años, originada por continúas filtraciones de agua de lluvia y corrientes de aguas subterráneas y única en el centro de la Península Ibérica.

Siguiendo la pasarela acondicionada para las visitas, con sus escaleras sube y baja, y con un juego de luces que ayudan a descubrir rincones, el visitante tiene ante sí un recorrido de 1.000 metros, casi rozando esas formaciones caprichosas en forma de columnas, afiladas estalactitas, estalagmitas y gours, coladas y excéntricas. Permanecen abiertas al público todos los días del año, con una temperatura siempre estable en torno a los 17 grados y una humedad próxima al 100%.

2. Ojo Guareña (Burgos)

El complejo kárstico de Ojo Guareña, en la comarca burgalesa de las Merindades, es el conjunto de cuevas más extenso de la Península Ibérica y uno de los diez mayores del mundo. Y los responsables de esta maravilla son los ríos Guareña y el Trema. Ellos fueron ‘cincelando’ una completa red de galerías conectadas, que se extiende en varios niveles y en un recorrido que se prolonga más allá de 100 kilómetros.

En su interior se han localizado varios santuarios prehistóricos y hasta 53 especies de invertebrados cavernícolas. Su interés trasciende a la espeleología. Allí se puede armar el puzle de la evolución histórica desde el Paleolítico Medio hasta nuestros días.

En el Monumento Natural de Ojo Guareña, se pueden visitar dos cuevas: Cueva Ermita de San Bernabé y Cueva Palomera.

3. Cueva de Fuentemolinos. Puras de Villafranca / Belorado (Burgos)

La cueva de Fuentemolinos, ubicada en Puras de Villafranca, Burgos, tiene una longitud de más de cuatro kilómetros y es la sexta más grande del mundo en conglomerado calizo.

Sorprende por su originalidad geológica, datada en unos 35 millones de años, y por la belleza y singularidad de sus formaciones, excéntricas, estalactitas, estalagmitas, columnas y coladas en los dos pisos superiores, mientras el río subterráneo recorre la parte inferior de la cavidad.

Se ofrece la posibilidad de realizar una visita a la cueva aunque se carezcan de conocimientos en espeleología.

4. Cueva de Valdelajo. Sahélices de Sabero (León)

De pequeño tamaño, la Cueva de Valdelajo fue descubierta casualmente en 1999 cerca de Sahélices de Sabero, en León, durante unas prospecciones realizada para explotar una cantera. Cobija bellas formaciones calcáreas creadas con paciencia durante millones de años, en las que destacan las ‘obras’ naturales forradas con cristales de aragonito.

Coladas, estalagmitas, estalactitas de distinto tamaños, columnas, macarrones de un blanco puro y pequeños gours en el suelo, componen un mosaico de formas pétreas que se pueden visitar merced al esfuerzo económico del Ayuntamiento de Sabero, la Diputación de León y el Grupo de Acción Local Montaña de Riaño. A ellos se debe la mejora de los accesos a la cueva, la adaptación interior y la iluminación.

5. Cueva de Valporquero. Valporquero de Torío. Vegacervera (León)

La cueva de Valporquero es quizás la más renombrada, pero también la más joven de Castilla y León. Hace un millón de años, las frías aguas del arroyo Valporquero comenzó a horadar la roca caliza de la montaña, al sur de la cordillera Cantábrica, en el subsuelo del municipio leonés de Vegacervera. Y gota a gota fue tallando caprichosos recovecos que, con el paso de los siglos, creó un paisaje subterráneo sobrecogedor, visitable desde 1966.

Tres son los recorridos que permite esta catedral subterránea. El recorrido normal por cinco salas dura una hora; el largo incluye una visita a las siete salas, con una duración aproximada de hora y media y una distancia de un kilómetro; y un tercero solo apto para aventureros lleva al nivel inferior siguiendo el curso de las aguas.

Nada más traspasar la gran boca comienza el estallido de estalactitas, colgadas del techo, y de estalagmitas, en un mosaico que oscila entre el blanco y el rojo óxido y en un silencio que solo rompe la sinfonía del río que acompaña buena parte de la visita.

Esperan al visitante volúmenes descomunales con sugerentes formas: la Torre de Pisa, la Virgen y el Niño o el impresionante Órgano, hasta llegar a la Gran Rotonda, un enorme ‘agujero’ de 5.600 metros cuadrados y 20 metros de altura que deja con la boca abierta. La siguiente sorpresa llega en las Hadas, con su cascada de 15 metros, y el Cementerio Estalactítico o la faraónica galería que lleva por nombre Gran Vía. Como colofón, la sala maravillas, con su museo de puntiagudas estalactitas que guardan la cueva. Toda una clase de geología.  

6. Cueva de Llamazares. Llamazares / Valdeluqueros (León)

Es un tesoro natural por descubrir. El paso del cauce del río Curueño fue esculpiendo una impresionante sucesión de galerías y cavernas en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica a la altura del municipio leonés de Llamazares. En la Cueva de Llamazares, de origen kárstico, abundan, más allá de las siempre impresionantes estalactitas, formaciones coraliformes que son auténticas rarezas poco habituales en este tipo de cavidades.

Para llegar a la boca de la gruta hay que recorrer un bonito sendero de un kilómetro que asciende par regalar espectaculares panorámicas del valle. Una vez en el interior, se abre un camino de aproximadamente 700 metros y un desnivel de 50 metros. Con casco e iluminación frontal, el visitante podrá disfrutar de una variedad de colores fluorescentes gracias a los focos de luz ultravioleta colocados durante la senda.  

7. Cueva de los Franceses. Revilla de Pomar (Palencia)

¿Franceses en Palencia? El apelativo de la cueva se debe a que fue lugar de enterramiento natural de los soldados galos que cayeron en el enfrentamiento en el páramo de la Lora durante la Guerra de la Independencia.

Ubicada en la localidad palentina de Revilla de Pomar, próxima a Aguilar de Campoo, es la única cueva visitable en la provincia de Palencia. Un moderno edificio sirve de puerta de entrada hacia un paseo al interior de la montaña.

Gota a gota, año a año, fue horadando una caverna a lo largo de 500 metros repletos de maravillosas formaciones Kársticas como mantos, coladas, estalagmitas, estalactitas… Al paraje no le falta ni ambientación sonora, ni juego de luces para hacer aún más sensacional la visita.

8. Cueva de los Enebralejos. Prádena (Segovia)

40 años de antigüedad alumbran la Cueva de los Enebralejos, situada en la localidad segoviana de Prádena. Descubierta en 1932, aunque se sabe que nuestros antepasados, muy antepasados, conocían de sobra su existencia. Se han encontrado numerosas muestras de que la cueva fue usada como necrópolis y sus paredes como lienzo para pinturas y grabados aproximadamente en el año 2500 a.C. (Cueva de los Enebralejos, en la imagen principal).

Es la cueva más importante de las conocidas en la provincia de Segovia -fue declarada Bien de Interés Cultural en 1983- y, ya desde su entrada, muestra espectaculares formaciones de estalactitas y estalagmitas, columnas, coladas y banderas, con atractivas figuras. Solo son visitables tres de sus salas; unos 600 metros.

9. Cueva de la Galiana. Ucero (Soria)

Tiene una edad estimada de 700.000 años. La Cueva de la Galiana es la más conocida dentro de las centenares que el agua ha ido labrando en el imponente Cañón del Río Lobos; una de las joyas de la provincia de Soria.

Su interior, junto al nacimiento del río Ucero, esconde al traspasar su gran boca de entrada un viaje entre gours, columnas, estalagmitas, estalagmitas y coladas. Toda la cueva se compone de una única y amplia cavidad, salvo al principio y al final donde aparecen pequeñas bifurcaciones. En la parte más elevada, el techo llega a alcanzar los 15 metros de altura.

Dos son las formas de adentrarse en la cueva. Se da la posibilidad de escoger entre una ruta de iniciación, ideal para una primera toma de contacto con el mundo de la espeleología durante dos horas o dos horas y media.

Y la ruta aventura, diseñada para quienes deseen atravesar gateras, realizar trepadas con cuerda y alcanzar la Sala del Bosque en aproximadamente un recorrido de tres horas o tres horas y media.

Por Mar Peláez