La península de de Kamchatka (Rusia), con una extensión próxima a la de España, ofrece glaciares, fumarolas y volcanes dignos del aventurero más exigente

El volcán más alto es el Klyuchevskou, de 4.750 metros, mientras que el más bello es el Kronotsky

Por Francisco Herranz

Si te gusta la naturaleza inhóspita y cautivadora, debes visitar Kamchatka y sus 300 volcanes, algunos de ellos en continua actividad. La península de Kamchatka está situada en el extremo oriental de Rusia, a 6.700 kilómetros de Moscú, es decir, a más distancia que la que separa Madrid de Nueva York.

El vasto territorio de Kamchatka, con una superficie de 472.000 kilómetros cuadrados -España, en comparación, tiene 505.000-, es un lugar de difícil acceso y, quizá por ello, de gran belleza natural. Fue una región inaccesible para los extranjeros hasta 1990 por culpa de la Guerra Fría; no en vano, albergaba una base de submarinos y todavía hoy no son muchos los turistas internacionales que se aventuran a llegar hasta este confín del mundo. Pero merece la pena hacerlo.

El vasto territorio cuenta con 300 volcanes, algunos de ellos en continua actividad

Cascadas, glaciares, fumarolas, calderas y volcanes nevados, arenosos o cubiertos de vegetación se suceden en increíbles rutas de senderismo o caminos solo practicables para vehículos todo terreno, descubriendo los circos y los cráteres, algunos de ellos humeantes, en explosiones de color inolvidables y sobre cogedores.

El volcán más alto es el Klyuchevskoy (4.750 metros), el más activo del hemisferio septentrional,  mientras que el más impactante y bello es probablemente el Kronotsky, con un cono perfecto. Algo más accesibles son el Koryaksky, el Avachinsky y el Kozelsky para los amantes del trekking.

El vasto territorio de la península alcanza los 472.000 kilómetros cuadrados.

Es remarcable, por ejemplo, el volcán Maly Semyachik y su cráter Troitsky, coronado por un lago de aguas venenosas pues contienen ácido sulfúrico, fluorhídrico y clorhídrico. La expedición de vulcanólogos rusos que lo descubrió en los años 40 del siglo pasado lo bautizó como Lago Verde por su inusual color, que ha ido pasando con los años a ser turquesa y posteriormente gris celeste.   

La bahía de Avacha está considerada una de las más bellas del planeta y la segunda en dimensiones por detrás de la de Guanabara, en Río de Janeiro (Brasil)

Además de la cadena de volcanes a cuál más impresionante, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, otro de los símbolos de la península de Kamchatka es la bahía de Avacha, considerada una de las más pintorescas del planeta y la segunda en dimensiones por detrás de la de Guanabara, en Rio de Janeiro (Brasil). La bahía tiene 24 kilómetros de largo, el ancho en la entrada es de 3 kilómetros, el área total de la superficie del agua es de 215 kilómetros cuadrados.

Un taxi tarda apenas 15 minutos en llevarnos hasta allí desde Petropávlosk-Kamchatsky, la capital de la región. Los rusos descubrieron la bahía de Avacha en 1703 antes de la fundación de la ciudad de San Petersburgo. Su nombre tiene orígenes indígenas y viene a llamarse como el principal río que desemboca en él, el río Kshchuapach que significa en lengua itelmena ‘padre-golfo’.

El espectáculo de color y naturaleza es inigualable.

Desde la bahía de Avacha hacia el interior se pueden admirar unas vistas espectaculares, con el volcán Koryaksky, de 3.000 metros de altura, recortado en el horizonte. Desde ese punto también se admiran unas rocas muy curiosas, las ‘tri brata’ (‘tres hermanos’ en ruso), llamadas así porque son un trío de estructura similar.

Bosques esmeraldas y tunda malva cubren las colinas en medio de volcanes en varios tonos de gris y rojo polvoriento

Los paisajes son deslumbrantes e inverosímiles pues fueron forjados por el movimiento de las placas tectónicas que encuentran bajo tierra. Bosques esmeraldas y tundra malva cubren las colinas en medio de volcanes en varios tonos de gris y rojo polvoriento, la mayoría salpicados de glaciares y nieve. Los prados alpinos rebosan de flores y colores que incluyen el rododendro amarillo, el brezo de montaña púrpura, las azaleas rosadas y las plantas de fuego fucsias. Más abajo, las praderas silvestres alcanzan hasta tres metros de altura.

Oso pardo en la península de Kamchatka.

Kamchatka es, por si todo esto fuera poco, un auténtico paraíso para los osos pardos. Según distintas estimaciones, allí viven nada menos que entre 15.000 y 30.000 plantígrados. En ningún otro lugar del resto del mundo se encuentra tal concentración de estos animales que se alimentan sin parar de salmones rojos.

La península es un auténtico paraíso para los osos pardos, hasta el punto de que hay estimaciones que cifran en 30.000 los plantígrados que habitan la zona

Para observar a los osos de Kamchatka de una forma efectiva y segura, la mejor opción es viajar a 200 kilómetros al sur de Petropávlovsk-Kamchatski, hasta las proximidades del lago Kurile, donde en sus proximidades se levanta el volcán inactivo Ilyinsky.

Los turistas pueden pescar, hacer rafting, surfing y senderismo o tomar un buen baño de aguas termales. También esquiar en invierno.  

La península es un santuario de la naturaleza.

Otro punto fascinante y delicado de la visita a Kamchatka se halla en el Valle de los Géiseres, emplazado en la reserva natural de Kronotsky. Con sus seis kilómetros de largo, es el segundo más grande del mundo de estas características después de los islandeses. Cuenta con noventa géiseres y muchas fuentes termales, incluido uno gigante, el Velikan, capaz de producir un chorro de agua que alcanza los 40 metros de altura.

El acceso a este ‘país del fuego y del hielo’ (www.kronoki.org) se realiza únicamente en helicóptero y está restringido a grupos organizados de turistas. El viaje no es nada barato: 540 euros por persona. De hecho, la reserva natural de Kronotsky, que también alberga la caldera del volcán Uzon, es un ‘zapovédnik’, es decir, un ‘santuario de la naturaleza’, una zona especialmente protegida por su tremendo valor ecológico donde están controladas/prohibidas la pesca, la tala de árboles, la construcción de carreteras o viviendas. En 2007, después de una temporada de fuertes lluvias, se produjo un gran corrimiento de lodo que afectó a gran parte del valle, pero no fue tan grave como se había temido.

Hay excursiones que precisan de vehículos adaptados a la nieve.

Para bolsillos más modestos existen las aguas termales de Dachnye, una especie de Valle de los Géiseres, pero en miniatura. Están situadas en las faldas del volcán Mutnovsky, a unas tres o cuatro horas en coche desde la tranquila y poco bulliciosa capital.

Los ríos de géiseres, los valles, las calderas volcánicas, los cráteres humeantes, una flora y fauna única y un terreno duro y salvaje que cambia después de cada erupción hacen de Kamchatka uno de los pocos sitios de la Tierra donde el viajero puede sentirse como si fuera el primer hombre en descubrirlo.

Vídeo: Aquí os dejamos un enlace de Air Pano sobre Kamchatka.

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