«¿Viajas con tu silla de ruedas? No, pensaba hacerlo con la del vecino»

El acceso a los medios de transporte, visto (y sufrido) desde la experiencia de una persona con capacidades diferentes

Todos habremos visto en alguna película la típica imagen de alguien parando un taxi en Nueva York con el simple gesto de levantar su brazo. Seguro que también te has preguntado alguna vez lo simple que resulta para mucha gente emprender un viaje. O quizá tus mayores preocupaciones sean los horarios, las combinaciones, las escalas o, incluso, el precio del billete. Pero, ¿te has cuestionado cómo vas a subir por tu propio pie a ese medio de transporte?

Te doy la bienvenida al pequeño mundo de la ‘movilidad reducida’, de la ‘diversidad funcional’, o como quiera que sea la forma más correcta de llamarlo hoy en día. A mí, personalmente, me gusta más llamarlo por su nombre real: ¡atrápalo como puedas!

Pero antes de seguir, me presento. Mi nombre es Estefanía y, desde hace casi cinco años, soy usuaria de silla de ruedas. A partir de ahora, a través de la web www.viajarymuchomas.com, me gustaría compartir con todos vosotros lo que supone realmente poder viajar, no solo en mi situación, sino en la de cualquier persona que no pueda moverse de una forma fluida por alguna circunstancia temporal. Porque no penséis que esto solamente lo vivimos unos cuantos, qué va. No os imagináis la cantidad de veces que el destino decide, por ejemplo, que experimentes un esguince de los de usar muletas y resulta que no puedes cancelar ese compromiso que te obliga a coger un avión, un metro o un autobús.

Pues bien, espero que en las próximas líneas podáis encontrar varias reflexiones de utilidad. La primera, y más importante, es la de tomar consciencia de la situación por la que pasamos muchas personas como yo para poder trasladarnos de un lugar a otro, aunque sean trayectos cortos, o realizar un viaje. Confío en que cada uno decida qué hacer, si valorar un poquito más su situación privilegiada y no quejarse por un simple retraso e, incluso, tomar partido y colaborar en un momento determinado, ayudando a quien lo necesite.

Viajar en una gran ciudad es una aventura sin límites. ¿Te has fijado en el hueco que queda entre el andén de un metro y la mini rampa que sale del vagón, dejando un oscuro abismo debajo de ti? Supongo que muchos de vosotros no, porque de una pequeña zancada eso se supera sin mayor problema. ¿Pero quieres saber qué pasaría si se te engancha una rueda de tu silla o se te cuela una muleta y te quedas encajada? Yo tampoco quiero saberlo, porque el botón que puedes pulsar para avisar de una emergencia no queda ni mucho menos a tu alcance y el conductor del tren no te puede ver. Así que siempre le agradeceré enormemente a quien lo pulsó cuando me vi en esa situación y evitó una tragedia segura.

Esto es un simple ejemplo. Pero puedo afirmar que si te ves en una situación así es por que has logrado recorrer la ciudad entera en busca de una boca de metro con ascensor para acceder a los trenes; así que después de los kilómetros recorridos, ya casi no merece ni la pena coger el metro y, mucho menos, jugarte la vida, porque al fin y al cabo te encuentras ya próximo a tu destino. Pero, ojalá fuera así, ja, ja.

«En la mayoría de los autobuses no urbanos tienes que comunicarlo con suficiente antelación para que modifiquen la estructura de los asientos»

¿Y qué me decís de los autobuses no urbanos? ¿Sabes que la mayoría de ellos, si viajas con silla de ruedas, tienes que comunicarlo con suficiente antelación al comprar tu billete, para que puedan modificar la estructura de los asientos del vehículo? Vamos, que olvídate de ir a un concierto o viajar a la aventura con tus amigos y creer que podrás coger un autobús de forma improvisada para llegar a tu destino.

Los autobuses urbanos son, en cambio, más fáciles y hasta más ‘divertidos’. Siempre que la rampa que te permite subir a ellos no esté atascada o, simplemente, no funcione. Por no recordar que si va lleno, el resto de los usuarios acaba casi encima tuyo al mínimo frenazo o curva, o también que tú misma puedes acabar en la otra punta, ruedas arriba, ya que la mayoría de los cinturones no cumplen con su función.

Luego están los taxis. En algunos países, cada vez vemos más vehículos adaptados, sin entrar en pequeños detalles como si viajas con una silla ligera y manual, que no requiere más que espacio para guardarla, o con una eléctrica que, además de esto, también precisa una rampa y anclajes especiales. Pero en otros lugares y ciudades a las que he podido viajar, me he traslado en taxis en los que mi silla de ruedas, o sea, mis piernas, sobresalía medio ‘cuerpo’ fuera del maletero, además de ir atada con cuerdas para no perderla por el camino. La silla de repuesto, que ya es una suerte disponer de ella, ya podéis imaginaros que se encontraba en casa a miles de kilómetros. Y en la ciudad que visitaba, claro, no había más opciones.

Por supuesto, estas cuestiones no aparecen en ninguna guía de turismo. Lo de “disponemos de taxi mono volumen, furgoneta o solamente sedan” es toda la información que suele figurar. En fin, que me río más por no llorar.

Y llegamos al maravilloso mundo del transporte aéreo: el avión. En este medio de transporte de pasajeros se supone que todo es más sencillo, porque existe un servicio de asistencia, completamente gratuito, y te ayudan en cada proceso del viaje, desde la llegada al aeropuerto hasta el final del trayecto. Pero en cuanto te dispones a adquirir el billete, entramos en el juego de las mis opciones y preguntas.

«En el maravilloso mundo del transporte aéreo se supone que todo es más sencillo… Pero en cuanto te dispones a adquirir el billete, entramos en el juego de las mil opciones»

¿Viajas con tu silla?, te preguntan. “No, en realidad pensaba hacerlo con la de mi vecino”, respondo. Como imaginan es broma, pero preguntas así son habituales, ya que hay innumerables situaciones posibles. Desde que utilices una silla propiedad del aeropuerto, porque te puedes levantar y dar al menos algunos pasos, hasta que no tengas ningún tipo de movilidad y, lógicamente, vayas con tu propia silla de ruedas; o que puedas tú sola, por tus propios medios y fuerzas, hacer el ‘trasvase’ al asiento del avión, o que tengan que ayudarte para hacerlo por ti.

Luego está el esfuerzo verbal de hacer entender al personal que tu silla es el único medio que tienes para moverte, que, además, en el mejor de los casos, te ha costado lo que vale ya un coche y que, por tanto, prefieres llevarla contigo a bordo en todo momento… hasta que no queda más remedio que bajarla a la bodega del avión, sin facturarla como una maleta más, y con el consiguiente riesgo de que acabe en la bodega del avión equivocado.

Ya no hablemos si llevas un dispositivo eléctrico o si la silla dispone de baterías, porque entonces prepárate para dar las mismas explicaciones que si tu rostro estuviera en el listado de los más buscados por la Interpol.

Pero bromas aparte, debo reconocer que esta asistencia hace posible que se pueda viajar en avión de una forma segura, aunque tengamos que rellenar más trámites y enfrentarnos a más obstáculos que cualquier otro usuario. Y lo más importante de todo, pese a que yo aún no lo haya experimentado, ¡que te dan la oportunidad de viajar sola! Algo que no se valora hasta que no se pierde por completo la autonomía.

«El tren es el único medio de transporte en españa que ofrece importantes descuentos»

Y hablando de autonomía y seguridad, dejo para el final el medio de transporte que considero el mejor adaptado en la actualidad: el tren. No puedo hablar de otros países, pero en España existe un servicio de asistencia que te acompaña y, además, si es necesario, durante todo el trayecto. Por no mencionar que es el único transporte que ofrece importantes descuentos económicos para las personas que lo necesitan, ya que en numerosas ocasiones el hecho de no poder conducir un coche o utilizar otro tipo de transporte no es ya una simple elección, sino la única opción que tienes.

Espero que este artículo os haya resuelto algunas dudas, aunque seguro que os habrá planteado otras que, hasta hoy, no teníais. Pero si queréis, seguiremos encontrándonos aquí para compartir muchas más cosas y experiencias con todos vosotros.

¡Bon voyage!

Estefanía Trobajo / viajarymuchomas.com