Impresiona el cementerio americano, donde yacen más de 1.500 soldados estadounidenses fallecidos en las dos guerras mundiales

Mientras mis manos agarraban el volante, mi cabeza pensaba en qué hacer ese día. Atrás quedaba Gif sur Yvette. En ese pueblo de la periferia parisina, a unos 25 km de casa, había dejado a Diego. Mi reconversión a taxista circunstancial de mi hijo entre nuestro domicilio y su facultad tenía su recompensa. En esos 40 minutos, sin poderse escapar de mi lado, se debía plegar a conversar con su padre y a poner cosas en común.

El Bois de Boulogne es el espacio verde más amplio de París. Fotografía: Pablo San Román.

Una vez cumplida aquella enriquecedora obligación matutina, tenía todo el día por delante. Y mi carácter inquieto me prohibía quedarme aparcado en un sillón. Por mi cabeza pasaron diversas posibilidades para un largo paseo. Y se impuso la opción de Suresnes, al oeste de París, a unos 9 kilómetros a pie desde mi casa. Aparqué el coche y mis suelas se pusieron en movimiento. Mi brújula moderna, en forma de Google maps, me indicaba dos horas de caminata. Debía atravesar el distrito XVI con sus mansiones y edificios semi aristocráticos, el Bois de Boulogne, el espacio verde más amplio de París, con sus lagos, nutrias e hipódromos, y el molino de Longchamp, del siglo XIV, y por fin Suresnes.

En el lago puedes encontrarte fácilmente con grupos de nutrias. Fotografía: P. San Román.

Esta población, también con gente de buen nivel de vida, me permitía volver a palpar lugares como el cementerio americano, con tumbas de soldados estadounidenses de las dos guerras mundiales, la fortaleza del Monte Valerien y a sus pies el Memorial de la Francia Combatiente,  y el Teatro Jean Vilar, donde en 1974 el Partido Socialista Obrero Español en el exilio celebró un congreso, del que Felipe González salió elegido secretario general.

En el cementerio americano de Suresnes yacen más de 1.500 soldados estadounidenses. Fotografía: P. San Román.

En el cementerio americano yacen más de 1.500 soldados estadounidenses, siendo el único de este tipo en Europa que reúne militares norteamericanos de ambas guerras. Impresionan las filas de cruces blancas y como, guardando el lugar, al fondo, se vislumbra la imponente Torre Eiffel. Sorprende ver la tumba de un español Pedro Aicos. Spain. 1918. Nada se sabe de la historia de este hombre.

Fachada del Théâtre de Suresnes Jean Vilar. Fotografía: P. San Román.

El Memorial de la Francia Combatiente se levanta también al lado de la Fortaleza del Monte Valerien, del siglo XIX, donde más de mil personas ligadas a la resistencia fueron fusiladas en la Segunda Guerra Mundial, siendo el lugar donde hubo el mayor número de ejecuciones en el país.

Empapado de historia y de nuevas sapiencias, regresé con mejor semblante a casa. Desandando el camino recorrido. Y ya puestos, al llegar, decidí continuar hasta el trabajo de Mabel y hacer su camino de vuelta junto a ella. Casi cuatro kilómetros extras para ir y otros tantos para volver. Conté las horas de castigo a mis zapatos. Nueve. Pero no las millas recorridas.

Pablo San Román

Por Pablo San Román

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