São Paulo, una ciudad de contrastes, y como para no haberlos, si su superficie es de 1.521 km² y la urbe tiene una población de 12,33 millones de habitantes. Cinco meses como estudiante en el Centro Universitario Senac aportan un conocimiento cercano sobre sus lugares y habitantes. Y, aunque no soy de esas personas a las que le apasionan las grandes ciudades, tengo que decir que São Paulo es una ciudad que, sencillamente, enamora. No es tampoco la ciudad más turística de Brasil, pero sus colores, su música, su estilo de vida y, sobre todo, sus gentes la convierten en una experiencia única, cargada de vivencias y emociones.

Lo reconozco, las primeras imágenes que se te vienen a la mente si alguien te pregunta por esta ciudad y aún no la conoces, son el fútbol, la samba, el Carnaval… Pero, no lo duden, hay mucho más que eso. Dicho está que no es la ciudad turística por excelencia del país carioca. Sin embargo, es el centro económico y cultural del país. Su amplia oferta de ocio es inagotable. Basta para darse cuenta de ello con pasear por la Avenida Paulista, cuyos 2,8 km de longitud albergan numerosos edificios emblemáticos, teatros, museos, monumentos y sedes económicas. O perderte por el Parque do Ibirapuera, el pulmón verde de la ciudad, que cuenta con 1,58 kilómetros cuadrados de vegetación, elementos arquitectónicos de gran valor y tres grandes lagos artificiales. O, ¿por qué no?, comer un bocadillo de mortadela en el Mercado Municipal, visitar la catedral de estilo neogótico de Sé o dar una vuelta por el barrio Da Liberdade, el barrio japonés que reúne a la mayor comunidad nipona del mundo fuera de Japón.

Una ciudad en la que no puedes (ni debes) olvidarte de su palpitante vida nocturna, con innumerables ‘baladas’ o discotecas y de todos los estilos de música que puedas imaginar. No en vano, Brasil es el segundo país del mundo con mayor número de modalidades de música, sólo superado por Cuba. Y resultaría imperdonable no darse una vuelta por el barrio bohemio y artístico de Vila Madalena, que acoge cientos de bares y un ambiente inimitable y envolvente.  

«Sería imperdonable no darse una vuelta por el barrio bohemio y artístico de Vila Madalena»

Los grandes contrastes de la ciudad también aparecen en sus edificios. Desde las grandes mansiones del distrito de Morumbi, los incontables rascacielos (existen 56 edificios que sobrepasan los 99 metros de altura), las grandes urbanizaciones o ‘condominios’ que cuentan con seguridad privada, piscinas, gimnasios… hasta las conocidas ‘favelas’ o barrios de chabolas.

SAO PAULO CUENTA CON 56 EDIFICIOS QUE SOBREPASAN LOS 99 METROS DE ALTURA.

Ahondando en las sensaciones personales, he de decir que cuando aterrizas por primera vez en esta ciudad, sientes un punto de inseguridad, principalmente por las advertencias que escuchas a menudo antes de subirte al avión, pero también al comprobar la envejecida infraestructura urbana que caracteriza a muchas de sus calles; e, incluso, por las anécdotas que te relatan los propios paulistas al poco tiempo de llegar.

Sin duda, los posibles peligros son reales, como en todas las grandes ciudades, pero personalmente no puedo contar ninguna mala experiencia en ese aspecto. Al contrario, lo que más valoro de São Paulo es su propia gente. Tuve la suerte de conocer a muchas personas, algunas de ellas a las que considero amigos. Justo es subrayar siempre su amabilidad, alegría y, sobre todo, su hospitalidad. Enseguida, sin apenas conocerte, te acogen, te presentan a su círculo de amigos, te invitan a sus casas o a un ‘churrasco’ (barbacoa).

«El estilo de vida y su forma de ser te contagian fácilmente, por su buen humor, el positivismo, la cercanía de sus gentes»

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A decir verdad, su carácter no es muy distinto al nuestro, somos latinos, pero se diferencian claramente del estilo europeo y oriental en que su máxima no es vivir para trabajar, sino trabajar para vivir. Aprovechan cualquier ocasión para salir a la calle, juntarse con familiares y amigos e intentar que su día a día sea lo más ameno posible. A diferencia de España, intentan vivir de una forma más distendida y relajada, no se estresan ni siquiera en el caótico y abarrotado metro, que ya es decir. Bueno, he de reconocer, que a la hora de conducir no son nada tranquilos. Las grandes avenidas y circunvalaciones, formadas por números carriles, en los que los conductores se adelantaban entre sí por la izquierda o por derecha, indistintamente. ¡Ojo viandante con los pasos de cebra! No esperes a que los automovilistas te cedan la prioridad de paso.

Son gente de calle, en el mejor sentido de la expresión. Ejemplo de ello es una costumbre curiosa que me sorprendió la primera vez que lo viví: en la mayoría de las gasolineras o ‘postos’, como se denominan allí, hay un espacio con sillas y mesas, como si de la terraza de un bar se tratara. Un espacio a pie de surtidores donde se suelen reunir los amigos para tomar algo y charlar. Quizá con la pandemia, seguramente no sea igual, pero no creo que esa forma de ser vaya a cambiar, ni ahora ni nunca. 

Y termino. No tengan duda: São Paulo es una gran ciudad y los paulistas, grandes personas.

Texto: Carlos Monje Arias / viajarymuchomas.com