La mayor cascada del mundo, con casi 1.000 metros de altura, impresiona a viajeros y cineastas

Video en 360 del Salto del Ángel, por Airpano.com

Si escuchas el nombre de Venezuela y nunca has visitado el país, probablemente lo primero que te venga a la cabeza sean cuestiones sociales, económicas y políticas y no su incomparable naturaleza. Pero si tienes la oportunidad de conocerlo, de recorrer su sabana amazónica, surcar alguno de sus caudalosos ríos o bañarte en las cálidas aguas del Caribe, donde la arena blanca y el agua se confunden, la palabra Venezuela evocará en ti una mezcla de sensaciones que, sin duda, se resumen perfectamente en un solo vocablo: Paraíso. 

Venezuela sorprende a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales. Fue en los años 40 y 50 del siglo pasado una nación de acogida para muchos emigrantes españoles procedentes, especialmente, de Canarias y País Vasco. Un país con una industria prometedora y, además, uno de los principales productores de oro negro del mundo y de energía hidroeléctrica. Por suerte, su inconmensurable riqueza paisajística permanece prácticamente intacta para los amantes de los viajes de aventura y la naturaleza. Fuera de la bulliciosa (y peligrosa) Caracas, la capital del país sudamericano, Venezuela se abre a un sinfín de atractivos naturales que te dejan boquiabierto. Imposible pestañear ante la inmensidad de un ecosistema único y brillantemente salvaje.

Vista de la cascada desde una avioneta. Fotografía: Rafa Monje

Uno de esos parajes indescriptibles, como salidos del edén, es el Salto del Ángel, la mayor caída libre de agua ininterrumpida con casi 1 kilómetro de altura (exactamente, 979 metros). Ubicado en el sureste del país, cerca de la confluencia de Venezuela con Guayana y Brasil, en el parque nacional de Canaima, en el estado Bolívar, un espacio natural declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994 y con una extensión abrumadora: 30.000 kilómetros cuadrados. Para haceros una idea, esa superficie de plena naturaleza equivale a todo el país de Bélgica o casi como a toda Cataluña; o si lo prefieres: a tres veces el Empire State de Nueva York. 

El Kerapakupai Merú, como así se llama en el lenguaje indígena pemón a la cascada (‘salto del lugar más profundo’), fue descubierto por los exploradores españoles Félix Cardona y Juan Manría Mundó en 1927, aunque lleva el nombre del aviador James Ángel, en honor al aterrizaje forzoso, sin víctimas, que logró 10 años después sobre la cima del Ayuntatepuy, nombre de la montaña de cima plana desde la que se produce la vertiginosa caída de agua.

Llegar a la base del salto a través de la selva por vías acuáticas exige unas 13 horas

El Salto del Ángel es una de las mayores atracciones turísticas que nos brinda la naturaleza latinoamericana, pero un viaje a la cascada no es una empresa sencilla como consecuencia de la espesa selva y los tepuyes (montañas de cima plana que se formaron hace 400 millones de años y pueden alcanzar los 2.000 metros) que dificultan la navegación aérea. También hay quien se inclina por llegar a la base del salto a través de la selva por vías acuáticas. Si optas por esta alternativa, las excursiones por tierra y agua se hacen desde el campamento Canaima y se prolongan a lo largo de 13 horas, entre junio y diciembre, cuando los ríos presentan la profundidad suficiente para la navegación de las curiaras de madera (canoas de la zona y que usan los miembros de la etnia pemón).

Curiara, canoa que usan los miembros de la etnia pemón. Fotografía: Rafa Monje

EL SALTO AL CINE, POR ALGO SERÁ

La cinematografía no ha sido tampoco ajena a la espectacularidad del Salto del Ángel. Ejemplo de esto es la película de Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios: ‘Up: una aventura de altura’, como así se titula en Latinoamérica, dirigida por Pete Docter y estrenada en 2009. También lo es la película de ciencia ficción ‘Avatar’, de James Cameron (2009); la película ‘Dinosaurio’ (2000) o la protagonizada por Robin Williams en 1998: ‘Más allá de los sueños’.

La etnia pemón vive especialmente en el parque natural de Canaima. Fotografía: Rafa Monje

La cascada también fue fuente de inspiración en la película ‘El misterio de la Libélula’, donde Kevin Costner encuentra a su hija, de quien no sabía de su nacimiento en ese preciso lugar.

Pero sin duda, divisar el Salto del Ángel desde una avioneta es toda una experiencia llena de emociones. Impresiona ver desde las alturas, con el permiso de las nubes, este perfecto edén en el que la vida comenzó hace millones de años y que permanece igual para el disfrute del viajero. El salto y su entorno conforman un paraíso sin parangón en ninguna otra parte del planeta al que ir al menos una vez en la vida.

La mejor forma de ver la cascada es desde una avioneta, con bases en campamentos de la zona. Fotografía: Rafa Monje
Rafa Monje

Por Rafa Monje

viajarymuchomas.com