Barca al atardercer

Viajar es una gran motivación, una fuente de alegría, reflexión y auto descubrimiento; nos permite explorar nuevas culturas, sumergirnos en ellos y estimular nuestra mente. Aunque hay otras personas que prefieren estar cómodos en su hogar, lo cierto es que la fiebre por los viajes ha ido en aumento en las últimas décadas. La situación actual por la pandemia del coronavirus es un obligado paréntesis en ese deseo irrefrenable por la experiencia del viaje, que volverá a aflorar en cuanto el escenario actual cambie, algo en lo que el proceso de vacunación marcará un antes y un después.

Pero, ¿por qué tenemos ese deseo por viajar? La respuesta está en el cerebro, es real, física y, naturalmente, hasta su nombre parece el del modelo de un avión: DRD4 7r. Se trata del receptor de dopamina, considerado ‘el gen del viaje’, que determina el deseo de explorar, según una investigación publicada en la revista ‘Evolution and Human Behaviour’ (gen viajero).

Este gen parece tener la capacidad de regular el nivel de curiosidad de las personas y de activar en mayor o menor medida la sensibilidad a los estímulos externos. De modo que la pasión por los viajes o por la exploración de nuevas metas parece ser obra de este gen.

Se calcula que sólo el 20% de la población tiene altos niveles de DRD4 7r en su mapa genético. Y es doblemente conveniente hablar de ‘mapas’, ya que el estudio considera también un factor ambiental: al parecer la mayor parte de estos viajeros vocacionales se encuentran en lugares del mundo donde ha sido alentada esta moderna versión del nomadismo, voluntario o no.

Beneficios emocionales

Existe una extensa literatura científica en torno a los beneficios psicológicos y emocionales del buen hábito de viajar. Claro está que algunos de estos beneficios pueden ser bastante intuitivos, pero nunca viene mal que la ciencia investigue y descubra los pormenores que causan los viajes en nuestra psique.

Sin ir más lejos, un estudio que fue publicado en el Journal of Positive Psychology descubrió que el sentimiento de felicidad se encuentra en el registro de recuerdos y experiencias relevantes para nosotros, y cuya máxima expresión son los viajes, señala la web Psicología y Mente.  

Otras investigaciones señalan una clara correlación entre ser viajero y la longevidad. Aunque esto podría deberse a un factor socioeconómico (y por tanto sería una correlación espuria). El hecho de viajar a distintos lugares del planeta no es por sí mismo un factor que explique una mayor longevidad, pero sí parecen claros los beneficios psicológicos que nos reportan las experiencias adquiridas durante los viajes. Estos sí pueden mejorar nuestra calidad de vida y, en última instancia, alargar la cantidad de días que vivimos.

Todo tipo de viaje es positivo

Cuando los investigadores hablan sobre viajes, lo tienen muy claro: todo tipo de viaje es positivo para la salud psicológica de quien lo realiza. Desde los destinos próximos hasta los viajes a lugares recónditos y exóticos, todos los viajes pueden ser una gran fuente de bienestar emocional. No es necesario ni irse muy lejos, ni gastar mucho dinero, ni practicar alguna actividad en concreto: todos los viajes suman.

Sin embargo, y como es lógico, hay viajes que nos reportan experiencias mucho más interesantes que otros. De todos modos, todas las experiencias que vivimos fuera de casa pueden ser muy positivas para estimular nuestra mente. Cada persona tiene unas preferencias en cuanto a las aventuras y depende de muchos factores, como por ejemplo la personalidad, la edad y otras variables.

Requisitos para que un viaje nos cambie la vida

Muchas personas se confiesan ante sus amigos, asegurándoles que un viaje que hicieron les cambió literalmente la vida. Es cierto, en ocasiones los viajes destruyen muchos de nuestros esquemas de pensamiento y nos hacen ver más allá, abriéndonos a nuevos mundos y posibilidades que antes ni siquiera contemplábamos.

Si has tenido en alguna ocasión una crisis existencial, te habrás dado cuenta de que en ocasiones necesitamos un cambio en nuestras dinámicas diarias. En este sentido, viajar puede ayudarnos a recuperar la fe en nosotros mismos e incluso a superar las malas épocas.

11 BENEFICIOS PSICOLÓGICOS DE VIAJAR

Para Psicología y Mente los 11 beneficios más importantes del buen hábito de viajar y conocer mundo son los siguientes:

1. Reduce el estrés y la ansiedad

El estrés es la otra pandemia en los países occidentales. Las exigencias laborales, las prisas y el ritmo de vida frenético nos causan un malestar latente que, tarde o temprano, se manifiesta a través de cuadros de estrés. No podemos parar de pensar en nuestras obligaciones, en las reuniones de mañana o en la incertidumbre laboral que nos acecha, y nos olvidamos de disfrutar del presente y de los pequeños placeres de la vida.

No obstante, cuando emprendemos un viaje, desconectamos de todas estas angustias diarias y nos enfocamos a vivir el presente, relajándonos en la piscina, visitando playas paradisíacas, conmoviéndonos con la belleza de los paisajes… Nos centramos en el momento y no estamos pendientes de ninguna reunión ni de cumplir con las rutinas laborales.

2. Potencia tu capacidad para resolver problemas

A lo largo de un viaje, nos obligamos a salir de nuestra zona de confort  y debemos afrontar ciertas situaciones y contextos que requieren de una mayor implicación. Vivirás ciertas experiencias en que deberás tomar decisiones y resolver problemas.

Es probable que te pierdas por las calles que no conoces, que vayas con el tiempo justo a los sitios y que debas comunicarte con oriundos que no hablan tu idioma. En resumen, a lo largo de la odisea vas a tener que resolver varios problemas y situaciones complicadas que se te presentarán, y esto te ayudará a mejorar esta capacidad.

3. Aumenta tus habilidades comunicativas y sociales

Si siempre has querido conocer gente nueva y hacer amistades, debes tener en cuenta que viajar te brinda la mejor oportunidad para que conectes con otras personas. Estando en un lugar desconocido, es muy probable que te animes a hablar con gente y desarrolles así tus habilidades sociales.

No te preocupes si durante los primeros días te cuesta un poco dirigirte a personas que te encuentres en el camino. Una vez superado el medio escénico, seguro que vas a poder conocer a personas excepcionales que dotarán de sentido tu experiencia. Hasta puede que hagas amigos y vuelvas al cabo de un tiempo para visitarles, o les recibas en tu propia casa.

4. Abre tu mente y amplía tus horizontes

Viajar es la mejor solución para deshacerse de prejuicios y estereotipos. De hecho, se suele oír eso de “viajar es la mejor cura contra el racismo”. Los prejuicios nos hacen sentir recelo ante personas por motivos irracionales, y nos alejan de la posibilidad de conectar con gente nueva.

Cuando estamos de expedición a una nueva cultura, nos daremos cuenta de que algunos de estos pensamientos no estaban fundados. Descubriremos gentes y costumbres nuevas que merecen nuestro aprecio, ayudándonos a abrir nuestra mente y a relacionarnos de una forma más amable con todo tipo de personas.

5. Favorece el autodescubrimiento

Realizar un viaje emocionante es la mejor forma de conocerse a uno mismo.  Abandonamos temporalmente nuestro contexto diario y visitamos un entorno totalmente distinto, lo que nos puede ayudar a tomar perspectiva sobre quiénes somos y qué queremos en la vida. Además, viajar nos puede dar un nuevo enfoque vital, descubriendo cosas que no sabíamos que nos gustaban.

6. Te hace más feliz

Las experiencias que vivimos durante los viajes nos hacen segregar distintas hormonas de la felicidad, como por ejemplo las endorfinas. Cuando estamos fuera de casa olvidamos las preocupaciones y obligaciones laborales y familiares. Durante un viaje realizamos actividades que nos gustan y que promueven que nos relacionemos con otras personas. Todo esto juega a favor de nuestro bienestar psicológico.

7. Te aleja del miedo y de las inseguridades

El miedo es una sensación que nos paraliza. Y, como afirman muchos expertos, la mejor forma de superar los miedos es enfrentándose a ellos. Una vez tomamos consciencia de que los miedos solo están en nuestra cabeza, poco a poco vamos relativizándolos y desterrándolos.

Seguramente, antes de emprender un viaje a un destino lejano y desconocido tengas miedos e inseguridades, como por ejemplo: “¿Me voy a sentir solo?”. E incluso, dependiendo del destino que elijas, puedes sentir que te arriesgas a que te roben por la calle o a no poder entender a la gente si tienes cualquier problema. La realidad es que exponernos a los miedos es la mejor forma de superarlos. Muchas personas han ido de viaje antes y solo a una minoría les ha pasado algo grave. Date la oportunidad de conocer una nueva cultura y superarás tus inseguridades.

8. Te hace replantear muchas cosas

Pasar tiempo fuera de casa puede ampliar tu forma de ver las cosas y la vida en general. Puede que se modifiquen tus prioridades, que en adelante le des menos importancia a las cosas materiales y valores más otras cosas que antes no valorabas.

9. Favorece que seas más empático

Cambiar de contexto y sumergirse en una nueva ciudad y en una cultura hasta ahora desconocida te ofrece la posibilidad de relativizar tus problemas cotidianos y ponerte en la piel de otras personas que, tal vez, tengan una vida mucho más complicada que la tuya. Esto puede favorecer que seas más empático y que seas capaz de valorar que otras personas puedan tener sistemas de valores distintos.

10. Aprendes de forma constante

Vivir experiencias únicas en entornos distintos a los que estamos acostumbrados nos proporcionan aprendizajes y conocimientos que nos mejoran como personas. Nos da otra visión sobre las cosas, sobre las relaciones, sobre la religión, sobre la forma en que las distintas culturas afrontar la vida.

Además, el hábito de viajar nos proporciona las herramientas para que podamos cuestionarnos nuestro día a día, y nuestros valores más arraigados. Conocer cosas nuevas nos potencia habilidades y capacidades que teníamos latentes, y desarrolla nuestro espíritu crítico.

11. Desarrolla tu visión de las cosas y amplía horizontes

Viajar y conocer nuevos países y culturas amplía nuestra visión sobre la sociedad. Nos vuelve más respetuosos y flexibles, puesto que aprendemos a valorar las necesidades y esquemas de pensamiento de las personas que conocemos.

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