Viajes con historia. Te proponemos un recorrido por ciudades y pueblos ligados a un personaje histórico

Te planeamos visitar lugares a través de las vicisitudes y andanzas de personajes históricos ligados por nacimiento a una u otra provincia española. No pretende ser un texto académico, sino un relato fruto de la investigación que suscite el interés del viajero por ahondar en la vida del personaje y saber más de los lugares, castillos, pueblos, ciudades o mares por los que transitó para conocerlos o redescubrirlos de nuevo. La historia del propio personaje supone por sí misma una ruta interesante que, seguramente, nos descubra a muchos de nosotros entornos y rincones con mucha historia.

Procedente de la rama bastarda del rey Alfonso X El Sabio, Pedro Niño (Valladolid, 1378) recibió de su padre Juan la formación idónea para ser un buen caballero medieval cristiano. Poco duró su matrimonio con Constanza de Guevara debido al fallecimiento repentino de su esposa.

Pedro Niño se puso al servicio del rey como valeroso soldado por su portentoso físico y valentía para combatir contra la nobleza subversiva. Heredó las villas de Cigales, Berzosa y Fuente Bureva, que su padre había obtenido del rey como premio a la educación de su hijo, Enrique III, además de contar con otras ocho localidades del Valle de Buelna (Cantabria) que recibiría de su madre, Inés Lasa.

Pedro Niño heredó varias villas de Cigales, en la provincia de Valladolid.

Tras varias hazañas que demostraron su valía y capacidad naval y militar el rey de Francia le propone ‘piratear’ contra los ingleses a cambio de sueldo y parte de los botines que conquiste. Entonces, desde 1405, Pedro Niño aborda una intensa etapa de piratería con valiosos éxitos que le sirven para incrementar su leyenda, que ya era importante por sus logros en el Mediterráneo desde que se encargó de dirigir con 25 años una expedición corsaria por las aguas del citado mar.

En el país galo su fama es absoluta, más todavía cuando fue participe anónimamente en un torneo medieval enfrentándose a diversos caballeros, a los cuales, vencerá uno tras otro. Siguió con sus incursiones y ataques contra Inglaterra, llegando incluso a los mares del norte y logró saquear e incendiar multitud de ciudades y puertos.

Apresó caballeros de la nobleza, grandes militares y personajes reales. Regresó a la Península a través del puerto de Santander al ser llamado por el rey de Castilla, Juan II, quien poco después lo nombró Caballero de su Corte, acompañado de todos los honores y privilegios que esto conllevaba.

En 1410 se casó en segundas nupcias con doña Isabel Brites de Borgoña, posiblemente más conocida como Beatriz de Portugal, en la iglesia de Cigales. Este matrimonio molestó enormemente al regente de Castilla, don Fernando de Antequera, quien ansiaba a esta rica dama para su hijo el infante don Enrique. Por este motivo, antes del matrimonio, la joven fue recluida en el castillo de Urueña y sus bienes confiscados mientras que don Pedro tendría que huir para refugiarse en Bayona de Gascuña.

Así permaneció la situación hasta que tres años después llegaron a una reconciliación don Pedro y don Fernando, en la que tuvo que ceder los señoríos de doña Beatriz al regente y éste, a cambio, concedió las villas extremeñas de Talaván y Valverde de la Vera. De este matrimonio nacerían seis hijos.

Desde aquí su lealtad al infante será constante. Por su participación en la Guerra de Granada, el rey Juan II concede a Niño el título de Conde de Buelna, como compensación a sus cuarenta años de buenos servicios, tras la mediación que haría su Condestable, don Álvaro de Luna.

Cuando falleció su esposa doña Beatriz, nuevamente se casó con otra dama llamada doña Juana de Estúñiga o Zúñiga, con la intención de engendrar un varón que se convirtiera en su heredero, pues sus hijos varones anteriores habían fallecido todos. Desgraciadamente para él no lo consiguió al fallecer a mediados de enero de 1453, en Cigales. Allí será enterrado en la iglesia de Santiago, concretamente en el coro, en la sepultura de su propiedad.

Por desgracia, la antigua iglesia fue demolida para construir una nueva más grande y ostentosa que comenzó a levantarse un siglo después. De sus restos, tras la nueva construcción nada sabemos a pesar de los intentos hechos para recuperarles. No obstante, siempre nos quedará su recuerdo y saber que allí, en la antigua iglesia, muy cerca del actual presbiterio estuvo el lucillo que guardó sus restos y, seguramente, en algún rincón de este bello templo, permanezca atento don Pedro, contemplando el paso del tiempo.

Don Pedro Niño fue un hombre gentil. Podríamos hablar largo y tendido sobre las actividades militares, bélicas, políticas y cortesanas, así como de sus hazañas y proezas en la Península, de sus luchas contra los moros por el Mediterráneo, o por el Atlántico contra los ingleses, pero terminaremos hablando de lo justo que era con sus enemigos y con sus tropas resumiéndolo en una sola frase: don Pedro Niño era “blando a lo flaco y fuerte contra lo fuerte”.

Firma: José María Castellón