La iglesia de la Transfiguración del Señor, construida en 1714 sin ningún clavo, es la principal obra de un recinto único en el mundo

Por Francisco Herranz

Construida en 1714 sin clavos, oculta en un paraje idílico al norte de Rusia, la iglesia de la Transfiguración del Señor representa un ejemplo único por su belleza arquitectónica y su longevidad sin par. Este templo de verano ha soportado, con el estoicismo propio de un ser humano, un clima muy severo, las plagas de innumerables insectos y hongos y, por supuesto, la mano de cientos de restauradores artísticos.

La iglesia forma parte del museo al aire libre de Kizhi Pogost o recinto parroquial de Kizhi, que no tiene análogos en el mundo entero y que se completa con la iglesia de la Intervención de la Madre de Dios (1694-1764) –que se emplea en invierno–, el campanario, de 1862, y la valla del cementerio, de 1800. En 1990 este formidable complejo histórico, cultural y natural único obtuvo el honor de engrosar la selecta lista de Patrimonio de la Humanidad que gestiona la UNESCO desde París. Ese mismo año entraron en la clasificación nada menos que el Kremlin de Moscú y el casco antiguo de San Petersburgo, otras dos joyas culturales rusas mucho más conocidas que la que nos ocupa.

El cuerpo de la iglesia de la Transfiguración fue erigido en una colina situada en la parte meridional de la isla de Kizhi, a cuatro metros sobre el nivel del lago Onega. El lago Onega se encuentra a 67 kilómetros de Petrozavodsk, la capital de la república rusa de Carelia, limítrofe con Finlandia.

El templo mide 37 metros de alto, incluida la cruz, 29 de largo de este a oeste y 26,6 de ancho. La estructura se realizó principalmente con madera de pino silvestre. Los troncos suelen medir 30 centímetros de diámetro y entre tres y cinco metros de largo. La datación de 1714 se ha confirmado gracias a la dendrocronología, es decir, contando el número de los anillos de crecimiento de los troncos de pino.   

La construcción está formada por tres octógonos que van reduciendo su tamaño y altura a medida que se elevan hacia el cielo. La obra maestra está rematada por 22 cúpulas acebolladas típicamente eslavas que, por razones estéticas, van siendo cada vez más pequeñas a medida que descienden de altura.  Los lados que miran a los cuatro puntos cardinales del octógono principal están soportados por anexos cuadrangulares de cinco metros de lado y 12 metros de altura, formando una planta de cruz griega que refuerza la estabilidad del templo. El resultado final deja una composición delicada pero firme.        

La madera fue indudablemente el principal material de construcción en esta parte de las tierras rusas durante siglos. Esa tendencia milenaria generó un grupo de carpinteros artesanos exquisitos que levantaron iglesias y capillas tan prodigiosas como ésta donde machihembraron con habilidad los listones de madera para evitar así el uso de clavos de metal. Uno de esos carpinteros se llamaba Néstor quien, según reza la leyenda, forjó la iglesia a golpe de una sola hacha que luego lanzó al fondo del lago Onega para que nadie pudiera repetir con ella otra maravilla similar.

Uno de los carpinteros, según reza la leyenda, fue Néstor, quien forjó la iglesia a golpe de una sola hacha

Muchas construcciones se perdieron en incendios o por efecto de la carcoma o del descuido. El conjunto de Kizhi (pronúnciese “Kiyi” porque la consonante “zh” rusa suena como la “j” francesa de “journal”) resistió el azote del tiempo gracias a la pericia de gente talentosa como Néstor.

Originalmente el tejado de la iglesia estaba rematado con tejas de álamo temblón, pero en 1818 las cúpulas fueron recubiertas de acero no galvanizado. Entre los años 30 y 50 del siglo pasado, gobernando Stalin, la iglesia estuvo cerrada y no se celebraron misas ortodoxas. Al menos su interior no se convirtió en almacén de grano y otros materiales como la famosa iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada junto al canal Griboyedov de San Petersburgo.

En los años 50, ya con las tejas de madera de nuevo en su sitio, la isla de Kizhi se convirtió en un museo al aire libre y un punto turístico muy popular. En 1980-1983 se retiraron el iconostasio y otros elementos decorativos interiores, y se instaló una estructura de acero para impedir el derrumbe de la Iglesia de la Transfiguración porque habitualmente los edificios de madera del norte de Rusia no pasan de 250-300 años. La Iglesia de la Transfiguración ya cumplió con creces su tercer centenario (2014), de ahí que los trabajos de control y restauración hayan sido frecuentes e importantes. El proceso fue complicado porque forma parte de los compromisos adquiridos con la UNESCO. La carcasa metálica fue retirada posteriormente en 2019 después de 10 años de trabajos constantes; las obras incluyeron el delicado proceso de tener que levantar todo el templo y cambiar un 30% de su armazón.

Desde el verano pasado ya está recuperado tanto su exterior como su interior. La apertura solemne y oficial estaba prevista para el 19 de agosto de 2020 –día de la Transfiguración del Señor, según el calendario ortodoxo– pero se ha retrasado a 2021 por culpa de las consecuencias de la pandemia. El interior lleva cerrado 40 largos años. Finalmente, los técnicos han podido respetar el espectacular iconostasio o exposición de iconos original de finales del XVII y principios del XVIII en cuatro niveles que mide siete metros de altura por 23,5 de largo, conteniendo 105 iconos exclusivos. Lo que se perdió fueron los iconos de las partes superiores del templo, especialmente el icono central de la Santísima Trinidad, del que quedó un resto que se conserva en el museo de la isla. 

El interior lleva cerrado 40 años y su reapertura se prevé para agosto de 2021

Afortunadamente, los investigadores tienen a sus disposición fotografías en blanco y negro del «cielo» perdido. Las descripciones y los dibujos realizado por los finlandeses (que ocuparon este territorio durante la Segunda Guerra Mundial) dan una idea del color de los iconos. Ahora hay acalorados debates en la isla: recrear físicamente la bóveda «celestial» o utilizar nuevas tecnologías y dar una proyección 3D en el techo, para no mezclar el original con el remake. Parece que la última decisión será la acertada, porque la imagen digital no solo te permitirá ver las reliquias perdidas, sino que también te recordará lo fácil que es perderlas…   

Además de los cuatro monumentos citados, Kizhi incluye otros monumentos como la iglesia de la Resurrección de Lázaro, finales del siglo XIV, probablemente el edificio de madera más antiguo de Rusia, la capilla del Arcángel (siglo XVIII), la casa Oshevnev, el molino de viento Bikenina, el granero de Yuzhni Dvor o la casa de baños de Mizhstrov, entre otros.    

Los rusos se ponen especialmente místicos al contemplar la inusual y evocadora armonía que emana la isla de Kizhi, verde en verano y blanca en invierno. No es extraño porque el conjunto personifica uno de los símbolos más claros de la ortodoxia religiosa rusa y, me atrevo a decir, de la propia cultura rusa. Esas cúpulas bulbosas, acebolladas lo dicen todo.

 

El famoso ilustrador ruso Iván Bilibin escribía lo siguiente: “Incluso desde lejos, navegando hasta esta iglesia desde el lago Onega, se distingue algo extraordinario en sus formas arquitectónicas; y cuando, habiendo navegado más cerca, ves toda esa pirámide de cúpulas apiladas una encima de la otra, entonces involuntariamente comienza a parecer que en realidad llegas al umbral de alguna clase de tierra lejana. Al anochecer, especialmente al final del crepúsculo, las siluetas de estas iglesias recortadas contra el fondo del amanecer que nunca se desvanece en verano dan una vista encantadora. ¡Qué arquitecto fue el que construyó tales iglesias!” Otros rememoran la santidad y quietud que transmite Kizhi y piensan que si hay una segunda llegada de Cristo seguro que sucederá allí.

CÓMO LLEGAR:

En coche: A Carelia por San Petersburgo (autopista E 105, M18). Distancia desde Moscú a Petrozavodsk: 1050 km. Distancia desde San Petersburgo a Petrozavodsk: 425 km.

En ferrocarril: Desde Moscú: tren directo a Petrozavodsk o tren a Murmansk. El tiempo de viaje es de 12 a 15 horas.
Desde San Petersburgo: tren directo a Petrozavodsk. El tiempo de viaje es de 5-8 horas.

En avión: Vuelos regulares desde Moscú a Petrozavodsk.

Dado que Kizhi es una isla, es inevitable que la excursión incluya un tramo acuático desde Petrozavodsk, también a orillas del lago Onega. Durante el período de navegación (mayo-septiembre), hidroalas de alta velocidad circulan desde Petrozavodsk hasta la isla Kizhi dos o tres veces al día entre semana, más a menudo los fines de semana. Además, la isla es visitada regularmente por cruceros.

Página web para más información: www.kizhi.karelia.ru 

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