Un recorrido personal y literario a la cordillera de los Andes desde la ciudad argentina de Salta hasta la frontera de Chile

La escritora Mar Sancho comparte su experiencia en una zona del mundo donde los trenes «no son medios de transporte, sino viajes vitales»

La vida es una propicia mezcolanza entre el recuerdo de los viajes realizados y la ilusión palpitante de los viajes por realizar. Ningún viaje es repetible pues, aun regresando al mismo lugar, algo en él y también en nosotros mismos habrá cambiado. Quizás por ello mitificamos los viajes que una vez sucedieron como fragmentos de felicidad irrepetible.

De entre todos ellos, los más venturosos son aquellos que nos llevaron a lugares que han dejado de existir o que, por razones diversas, desde naturales a bélicas o logísticas, se han tornado inaccesibles. Así, estos viajes se solidifican mitificándose en nuestra memoria y, desde ella, en las palabras que para otros los relatan. A fin de cuentas, los viajes y la literatura son territorios fronterizos en nuestra percepción y, tras ella, en nuestro sentir.

El tren parte de la ciudad de Salta, en el noroeste de Argentina.

Uno de mis viajes predilectos es el denominado Tren a las nubes, que asciende a la cordillera de los Andes desde la ciudad de Salta en el noroeste de Argentina. Hay trenes que no son medios de transporte sino viajes vitales, como el Transiberiano, el Orient Express y otros tantos que habitualmente relucen en las revistas de viajes.

«Hay trenes que no pretenden llevarnos a ninguna parte pues el destino son ellos mismos»

Entre estos trenes, que no pretenden llevarnos a ninguna parte pues el destino son ellos mismos, ocupan un lugar destacado los ferrocarriles de montaña. Su vocación de alcanzar lo intransitable los hace deliciosos. La mayor parte de ellos surgieron con un afán histórico de transportar materiales o personas a lugares donde no debieran estar, haciéndolo además con añadidas dificultades técnicas. A comienzos del siglo XX, y tras el intento de crear una línea de ferrocarril Transandino entre Mendoza y Santiago, se diseñó una línea que uniese Argentina y Chile por el norte, entre Salta y Antofagasta, a través de la frontera marcada por el colosal volcán Socompa.

Volcán de Socompa, entre Argentina y Chile. Fotografía: iStockphoto.

El trabajo de ingeniería fue ingente, pues los desniveles de altitud y lo escarpado del terreno precisaron el diseño y la construcción de altos viaductos, túneles, zig zags, rulos y otros artilugios técnicos que dotaron al recorrido de una singularidad inigualable. Yo era joven aún cuando llegué a la estación de Salta y, en vez de tomar el tren turístico que llevaba hasta San Antonio de los Cobres y, desde allí, al Viaducto de la Polvorilla (en la imagen principal) subí a un tren de carga que transportaba minerales hasta la frontera con Chile.

El fascinante tren de carga del Ramal C 14 en el Ferrocarril General Belgrano parte una vez a la semana con varios vagones de mercancías y uno de pasajeros donde se entremezclan indígenas portando coloridos bultos, excursiones de escolares y algunos viajeros que habían llegado desde lejos.

La artesanía forma parte del atractivo cultural de la zona.

El trayecto hasta San Antonio es bullicioso, con gentes que ascienden y, sobre todo, descienden en las estaciones, una locomotora antigua trazando el trayecto por la vía estrecha y el convoy elevándose despacioso a través del altiplano. Tras dejar atrás los campos de cultivo, el tren atraviesa quebradas, gargantas y valles encajonados en la cordillera hasta desvelar a lo lejos los picos nevados.

Esta altiplanicie, conocida como Puna de Atacama, está circundada por montañas que se alzan por encima de los 6.000 metros de altura. Después de San Antonio de los Cobres el viaje deja de ser real y se hace literario. Los viajeros son escasos y, en ocasiones, descienden en breves estaciones donde desaparecen entre el polvo. El vagón de pasajeros cuenta con un mostrador a modo de pequeño restaurante donde se sirven bebidas y milanesas recién preparadas. Se hace preciso pasar dos noches en el asiento del vagón para llegar hasta el final de trayecto en la frontera con Chile.

«Después de San Antonio de los Cobres el viaje deja de ser real y se hace literario»

El tren atraviesa antiguas minas, campos amarillos de azufre, inmensos salares y ojos de mar poblados de flamencos rosas en mitad de la cordillera de los Andes. Partiendo de una altitud de 1.187 metros en Salta, este ferrocarril asciende hasta los 4.334 metros sobre el nivel del mar en el solitario paraje de Alemán Muerto, donde una cruz marca la tumba de un alemán que perdió su barco en el río de la Plata y quiso alcanzarlo atravesando el continente una vez que el navío, tras cruzar el Cabo de Hornos, llegase a Valparaíso. Después los raíles descienden hasta la Quebrada del Agua donde, a mitad de la pendiente, quedan ingrávidos sin tierra bajo ellos y, más abajo, se puede observar un tren hace años allí mismo despeñado. Cuenta el revisor a los escasos viajeros que llegan hasta allí como desde Salta hasta el paso fronterizo de Socompa el tren ha traspuesto 1.279 curvas.

Dos niñas se asoman por una ventana en Salta, Argentina.

«Cuenta el revisor a los escasos viajeros que desde Salta hasta el paso fronterizo de Socompa el tren ha traspuesto 1.279 curvas»

Una vez desenganchados los vagones, el lugar es el más silencioso del mundo. La inmensidad desborda la vista y el hecho de hallarse al final de lo inaccesible hace que no sea necesario avanzar más. El viaje ha merecido la pena. Tras ello, tan solo se hace preciso realizar dos consideraciones. La primera, relatar cómo en mi trayecto de regreso la vieja locomotora estalló dejándome perdida en la puna durante un tiempo inesperado. La segunda, dejar constancia de que el tren de carga relatado ha dejado de funcionar hace años si bien aún es posible tomar el tren turístico desde San Antonio de los Cobres hasta el viaducto de la Polvorilla. El convoy es nuevo y en sus cómodos vagones se dispone de asistencia médica y de equipos de oxígeno por si al viajero le aquejara el mal de altura. Quizás le falte la aventura de lo impredecible pero los paisajes son tan grandiosos como perdurables.

Fotografías: Oficina de Turismo de Argentina en España

Mar Sancho

Por Mar Sancho

viajarymuchomas.com