El burgalés Martín de Aguilera, primera persona de la historia en volar

En el año 1793 partió de su pueblo (Coruña del Conde, Burgos) con un artilugio creado por él camino del Burgo de Osma (Soria). Solo logró recorrer 360 metros.

Diego Martín de Aguilera nació en el pueblo burgalés de Coruña del Conde, en el año 1757. De familia de clase humilde y trabajadora, pero sin pasar penurias económicas grandes, pues vivían de la agricultura y la ganadería. Tras fallecer el padre, y al ser el primogénito de la familia, Diego tuvo que hacerse cargo del mantenimiento de sus siete hermanos menores, labrando el campo y pastoreando el ganado.

Desde pequeño demostró tener gran ingenio e inteligencia natural, a pesar de ser analfabeto, pero tenía ocurrencias que le servían para crear pequeños inventos que ayudaban y facilitaban la vida y el trabajo a sus vecinos. Era conocido en el pueblo por sus buenas ideas. Se sabe que ideó algún mecanismo para mejorar el funcionamiento del molino del pueblo, así como algún columpio o una pieza que ayudara a serrar mármoles. Parece que también ideó algún sistema, semiautomático, para fustigar al ganado en los momentos de las labores agrícolas. 

Como siempre había sido una persona muy observadora, sus largas horas de pastoreo por el campo junto al ganado, las dedicaba a observar el vuelo de las aves, especialmente de las más grandes, buitres y águilas, que le fascinaban por su envergadura y facilidad de vuelo. Analizaba sus alas, sus tamaños, sus pesos, su forma de volar… hasta que se decidió por construir un aparato que los imitara y le permitiera volar a modo de pájaro artificial o mecánico.

Durante seis años se dedicó a poner trampas, cazando grandes aves para poder estudiarlas, medir su envergadura, sus alas, su peso, estudiar sus plumas, contarlas, pesarlas y poco a poco escudriñar y anotar hasta el más mínimo detalle de su anatomía y sus vuelos.

Serían seis duros años en los que, entre el trabajo y las diferentes obligaciones, dedicó sus ratos libres, y de forma discreta, a trabajar en su invento. Sin duda, tuvo que contar con la ayuda secreta de algunos de sus amigos. En el pueblo no podían saberlo, porque le llegaron a tratar de loco y no dejaban que lo probase. Con ayuda del herrero del pueblo, construyó una especie de esqueleto con una viga central de madera, semejante a un ala delta actual. También fabricó unas alas de ocho metros con varillas metálicas ligeras, entrecruzadas y atadas con alambres, trapos y plumas que se movían en abanico. Las montó sobre un cuerpo central de cuatro metros y medio, logrando así construir la parte principal del aparato. A esa estructura, en el punto medio de gravedad, añadió el sistema para poder colocarse él y sujetarse con pies y manos para poder controlar el aparato y dirigir la cola. Con los pies controlaba la cola mientras que con las manos manipulaba las manivelas que movían las alas.

EL BURGO DE OSMA, LOCALIDAD SORIANA A LA QUE MARTÍN DE AGUILERA PRETENDÍA LLEGAR VOLANDO. FOTOGRAFÍA: E. MARGARETO (ICAL).

El día 15 de mayo del año 1793, durante la noche, para no ser vistos, Diego junto a sus amigos, subió hasta la parte más alta del castillo de su pueblo, portando el artefacto volador en secreto, y se lanzó al vacío camino de Burgo de Osma, en la provincia de Soria, con la intención de visitar a unos familiares que allí vivían, a unos 50 kilómetros de distancia de su pueblo. Llegó a recorrer casi 360 metros volando sobre los tejados de las casas, hasta que falló una de las partes metálicas del ala derecha y cayó. El accidente no tuvo más consecuencias, pero al enterarse el pueblo, a la mañana siguiente, quemaron el artefacto para impedir que Diego pudiera volver a intentarlo y sufriera un accidente más grave que tuviese que lamentar.

Esta situación derivó en el valiente e intrépido inventor y piloto en una profunda depresión y frustración hasta su fallecimiento en el año 1800. Fue enterrado en el interior de la iglesia de San Martín de Tours de su pueblo.

Diego Martín de Aguilera está considerado el primer hombre de la historia que logró volar, casi un siglo antes que su sucesor. En el extranjero este vuelo, a pesar de estar documentado, no ha sido reconocido así, pero para España y el Ejército español se considera el antecesor de la aviación española.

Firma: J. M. Castellón / viajarymuchomas.com