La coqueta ciudad del sur de Irlanda fue lo último que vieron los pasajeros del famoso transatlántico

En el puerto de la pequeña ciudad irlandesa se apeó el padre Frank Browne, quien con su cámara inmortalizó para la historia a los pasajeros del viaje inaugural

En abril se cumplirán 109 años del hundimiento del barco en las gélidas aguas del océano Atlántico

Faltan solo tres semanas para que se cumplan 109 años del hundimiento del barco más famoso del mundo en las gélidas aguas del Atlántico, el Titanic, durante su travesía inaugural entre Inglaterra y Nueva York. Gracias al cine y a la ciencia, hemos podido conocer el estado actual del llamado buque de los sueños, pero las únicas fotos de su primer y último viaje se las debemos al padre Browne, un jesuita que se apeó del barco en Cobh, un coqueto pueblo al sur de Irlanda.

En 1985 el equipo liderado por el oceanógrafo Robert Ballard se dio de bruces con lo que hacía tiempo llevaba buscando, los restos del transatlántico más famoso del mundo, el Titanic. El barco llevaba, entonces, sumergido en las gélidas aguas del océano 74 años.

Puerto de Cobh, donde embarcaron los últimos 120 pasajeros del Titanic antes de partir hacia el Atlántico. Fotografía: Javier Martín-Calero

Unas cuantas décadas antes, el 8 de abril de 1912 el padre Frank Browne se embarca en un viaje desde Inglaterra a la entonces llamada Queenstown, en Irlanda. Un viaje a bordo del Titanic costeado gracias a la generosidad de uno de sus tíos, quien le facilitó el pasaje para viajar en el trasatlántico. En su maleta portaba una de las cámaras de fotos más famosa del siglo pasado, la que inmortalizó a los pasajeros protagonistas del viaje inaugural del barco.

Un tomavistas, era, a principios del siglo XX, todo un objeto de valor. Durante la travesía que unía las dos islas vecinas, el jesuita fotografió, por última vez, a decenas de los pasajeros que pocos días después morirían ahogados tras la colisión del barco con el iceberg. Sin embargo, Browne se apeó del barco en la localidad irlandesa de Queenstown -hoy llamada Cobh- y con él, desembarcaron también las fotografías, gracias a las que sus pasajeros quedaron inmortalizados para las generaciones venideras.

Imagen de Cobh al fondo, desde Skipe Island, la última imagen que vieron los pasajeros del Titanic. Fotografía: Javier Martín-Calero.

Lo último que vieron los náufragos del Titanic

Si Jack Downson, el protagonista de la archifamosa película de 1997, hubiera existido en la realidad, la última tierra firme que habría visto sería la del horizonte de Cobh desdibujándose en las aguas del Atlántico irlandés y coronado por la torre de su imponente catedral.

Hoy en día, Cobh es una turística localidad costera a 20 kilómetros de la capital que da nombre al condado, pero en 1912 aún mantenía el nombre de Queenstown, tal y como fue bautizado en honor a la reina Victoria de Inglaterra, quien quedó entusiasmada por la belleza del lugar durante una visita al condado de Cork. Sin embargo, la soberana inglesa nunca llegó a pisar las calles del pueblo, pero le bastó verlo desde una embarcación para quedar prendada de este coqueto enclave irlandés.

Las casas de colores de Cobh son uno de los atractivos turísticos de la ciudad irlandesa. Fotografía: Javier Martín-Calero

Uno de los edificios más representativos de la localidad es, sin duda, el que acogía las oficinas de la White Star Line, la naviera propietaria del Titanic. Desde allí partieron el 11 de abril de 1912, a las 11.30 horas de la mañana, los últimos 120 pasajeros en embarcar en el trasatlántico y allí se apearon las siete últimas personas que vieron al barco en su plenitud inaugural antes de la catastrófica colisión.

Pasaje del Titanic, fechado el 11 de abril de 1912. Fotografía: J. Martín-Calero.

El barco prometía ser insumergible, pero, como todos sabemos, se hundió a las primeras de cambio. En las antiguas oficinas, hoy reconvertidas en museo, poco queda del barco, tan sólo el muelle original por el que los pasajeros de tercera y segunda clase se adentraban en un barco que a muchos de ellos les condujo a la muerte. El muelle está impertérrito como testigo vivo de la historia, tal y como los pies del último pasajero del Titanic lo pisaron. Las inmensas dimensiones del Titanic hicieron inviable que el barco se acercara a la orilla para recoger allí a los pasajeros, quienes se sumaron al resto del pasaje acercándose en barcas de menor envergadura que les aproximaron al barco, situado, entonces, a pocos metros de Spike Island, una de las islas cercanas a Cobh.

Recinto carcelario en Spike Island. Fotografía: J. Martín-Calero.

Testigo mudo de las mayores catástrofes navales del siglo XX

La historia del siglo XX se empeñó en hacer de la tranquila Cobh el epicentro de los desastres navales más famosos de principios de siglo. Si en 1912 fue testigo de la partida del Titanic, tan solo cinco años después, a principios de mayo de 1917, los supervivientes del Lusitania, bombardeado en las cercanías de Kinsale, desembarcaron en Cobh. Cerca de 1.200 personas, entre ellas 100 niños, morían ahogados tras el torpedo lanzado por un submarino alemán. En menos de 20 minutos, el buque se hundió en las costa de Kinsale. Dicen que en días soleados de mar calma aún se pueden ver los restos de un barco cuyo hundimiento supuso la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, y es que en el accidente fallecieron más de 200 personas de procedencia estadounidense.

Interior de la cárcel de Spike Island. Fotografía: J. Martín-Calero.

No te pierdas su impresionante catedral

Sin embargo, el Titanic no es el único gancho que Cobh ofrece para enamorarte. Su majestuosa catedral, en lo alto de la localidad, es la verdadera protagonista de la ciudad. Sus torres puntiagudas se abren paso en el cielo de Irlanda con una majestuosidad que no tienen nada que envidiar a las catedrales del resto del país.  Quizás, lo más curioso y reseñable del interior del conjunto se sitúa en los laterales del altar. Allí se encuentran enterrados desde tiempos inmemoriales vecinos del pueblo al azar, los cuales para alcanzar su eterna morada en el edificio, lo único que tienen que hacer es nacer en el año en el que el último enterrado había fallecido. Según se sale de la catedral, se puede regresar al centro del pueblo, bajando por las conocidas casas de colores que son, junto con la catedral, la estampa más conocida de Cobh.

A pocos minutos de las oficinas, un espacio verde recuerda la tragedia, un parque que no se olvida del entonces presidente de la Naviera, J. Bruce Ismay, a quien la historia ha culpabilizado del hundimiento, pero al que en Cobh recuerdan con cariño, ya que pasó largas temporadas entre sus vecinos.

«En Cobh recuerdan con cariño al entonces presidente de la naviera, J. Bruce Ismay, a quien la historia ha culpabilizado del hundimiento»

Frente al pueblo, decrépita y tenebrosa, aparece Spike Island, una isla en la que se encuentra una cárcel que ha estado en activo hasta la década de los ochenta del pasado siglo. El recinto penitenciario fue clausurado tras una rebelión por parte de los presos, cuyos daños evidencian las fachadas y el interior de más de un módulo. 

En la isla donde se encuentra la cárcel, a extramuros del complejo carcelario, surge el viejo pueblo donde vivían los funcionarios de prisiones junto con sus familias, quienes tuvieron que ser urgentemente evacuados ante el temor de que las revueltas acabaran con sus vidas.

Hoy en día, durante la celebración de Halloween, fiesta típica y nativa irlandesa, se organizan pases de películas de terror dentro del complejo. Durante varios meses al año, coincidiendo con la primavera y el verano, el complejo se puede visitar. Un ferry acerca a los visitantes a la isla, donde el viajero podrá disfrutar de una experiencia sobrecogedora.

El barrio del Titanic, del abandono al reclamo turístico en Belfast

Accesos al museo del Titanic en Belfast.

Desde el hundimiento del Titanic en las gélidas aguas del Atlántico todo lo relativo con la famosa embarcación ha sido un gancho de oro para el mundo del marketing y la publicidad. 

No había pasado ni un mes desde el trágico suceso, cuando se estrenó la primera película dedicada al mal llamado trasatlántico de los sueños, y desde entonces y hasta el estreno de la archiconocida cinta protagonizada en 1997 por Kate Winslet y Leonardo Di Caprio, decenas de libros, documentales y películas ya habían puesto su foco en el barco inglés. 

Al rebufo de la notoria fama que rodea a todo lo que tiene que ver con el Titanic, Belfast, la capital norirlandesa donde fue fabricada tan insigne mole de acero, no quiso quedarse atrás y en 2012, en coincidencia con el centenario del hundimiento del barco, inauguró un museo que ha servido como revitalizador económico y social de la zona portuaria de la ciudad. 

El museo en Belfast recrea la embarcación y el iceberg contra el que colisionó el Titanic.

Un gran bloque de 27 metros de altura, los mismos que tenía el barco, y 14.000 metros cuadrados de envergadura, da la bienvenida a la zona de los antiguos astilleros donde se construyeron tanto el Titanic como su hermano gemelo, el Olimpia. El edificio, de líneas modernas y conceptuales, simula la proa del barco, pero también al iceberg contra el que colisionó en abril de 1912, y es por eso por lo que los habitantes de Belfast conocen al museo como ‘El iceberg’. 

El espacio museístico recrea, por ejemplo, la famosa escalera de primera clase bajo la cúpula de cristal. La mencionada escalera comparte espacio con recreaciones de camarotes o las salas de máquinas y objetos rescatados del naufragio. Pero el visitante también puede conocer de primera mano las historias personales de algunos de los pasajeros del barco o conectar en directo con el fondo del océano y ver en vivo el cementerio de acero que hoy en día es el Titanic.

«Desde la inauguración del museo, hace 11 años, más de 800.000 personas han visitado el edificio que ha revitalizado lo que fue un decrépito barrio de Belfast»

Desde su inauguración, hace once años, más de 800.000 personas han visitado el edificio cultural, lo que lo convierte en una de las principales atracciones turísticas de Belfast. Bajo su efecto llamada, hoteles. restaurantes y cafeterías han acaparado los aledaños de una zona que hace 20 años estaba sumida en el más absoluto abandono. Donde antes había edificios navieros abandonados, ahora hay bloques de viviendas, zonas verdes y espacios abiertos, lo que ha supuesto un buen incentivo económico para una ciudad cuya economía está a medio camino entre Reino Unido y la República de Irlanda.  El conocido como Barrio del Titanic es, sin duda, uno de los más famosos de la ciudad y es que cien años después de una de las catástrofes navieras más terribles de la historia, la ciudad que vio construir el barco ha sabido utilizarlo para revitalizar su economía y su historia. 

Javier Martín-Calero

Por Javier Martín-Calero

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