Pozo Sotón, la explotación situada en el concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio, ofrece al visitante un recorrido de 5 kilómetros y picar carbón como un minero auténtico

«Yo no maldigo mi suerte porque minero nací y aunque me ronde la muerte no tengo miedo a morir«, cantaba un emotivo Antonio Molina, aquel que aseguraba ser minero y haber templado su corazón con pico y barrena. Tampoco tuvo miedo a morir el Pozo Sotón, en el concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio, integrado en la cuenca minera del Nalón, que decidió reconvertir su actividad tras el cese de la extracción de hulla para ofrecer una experiencia única en el mundo y convertir al visitante durante unas horas en un trabajador más de las entrañas de la tierra. La explotación minera se ubica a poco más de 35 kilómetros de Oviedo, en dirección Langreo.

Imagen de archivo en la que se puede ver una visitante picando carbón en el Pozo Sotón. Ahora no se pueden captar imágenes en el interior.

Declarada Bien de Interés Cultural en la categoría  de monumento, la explotación del Pozo Sotón se trata de una de las 100 obras industriales más importantes de España y cuenta con el mismo nivel de protección histórica que la Catedral de Santiago de Compostela. Su profundización se inició en el año 1918 por la empresa Duro Felguera con la finalidad de extraer la hulla que permitiera alimentar los hornos de La Felguera de Langreo. Completado en el año 1921, pasó años más tarde a manos de la empresa pública Hunosa, que lo explotó hasta el 31 de diciembre del año 2014. 

«Con la misma protección histórica que la Catedral de Santiago de Compostela»

Fue en el año 2015 cuando la explotación experimentó un giro de 360 en su actividad, que se tornó turística, al convertirse en un recurso visitable tanto en su exterior como en el interior, ya que permite al visitante llevar a cabo un itinerario por las plantas del pozo, con una profundidad de hasta 556 metros de profundiad. Asimismo, acoge el Centro de Experiencias y Memoria de la Minería, en el que se ofrece una visión didáctica de la historia de la minería en Asturias.

Exterior del Pozo Sotón.
Uno de los accesos externos a la explotación minera.

Viajar y Mucho Más ha realizado el recorrido, pero ahora sólo está permitido captar fotografías del recorrido exterior.

Visita exterior

Nada más llegar al Pozo Sotón, el visitante se torna minero, ataviado con guantes, cinturón y casco con lámpara. Una vez hecha esta conversión, conocerá el patrimonio histórico de la mina a pie de calle a través de las instalaciones de superficie, declaradas BIC.

Arriba y abajo, imágenes de varias dependencias del Pozo Sotón, tal y como estaban cuando funcionaba la explotación minera.

Con un coste de 7 euros para los adultos y de 4 para los niños de 5 a 16 años, la visita recorre parte de las oficinas actuales del pozo, la zona de embarque, la casa de máquinas, donde están expuestos elementos de distintas épocas, los castilletes del Pozo, la oficina sindical y la estructura de clasificación, ‘reter’. Además, también se encuentra un memorial con lápidas de metal en honor de los más de 500 mineros fallecidos a lo largo de la historia de la empresa Hunosa.

En lo que se conocía como la casa se aseo del Pozo Sotón es donde se encuentra ubicado el Centro de Experiencias y Memoria, creado a partir de materiales recuperados de los pozos ya cerrados o cedidos por los ex trabajadores de los mismos y con elementos virtuales y didácticos recorre la historia de la minería de Asturias a través de, por ejemplo, la reconstrucción de un economato, las viviedas cedidas por la empresa a los trabajadores o los accidentes mineros, así como un apartado específico dedicado al papel de la mujer en la mina. Un Museo vivo, que contempla su oferta con visitas teatralizadas, ‘scape room’ o un ‘minecraft’ en el que poder construir y deconstruir las instalaciones.

Imagen de la vestimenta típica de la zona minera.

Cerca de 600 metros bajo tierra

El plato fuerte de la oferta turística del Pozo Sotón se encuentra en su interior, con una profundidad de hasta 600 metros y que se anuncia con la tradicional sirena de las jaulas mineras, medio de transporte de los trabajadores para acceder a las entrañas de la tierra.

Guiado por algunos de los hasta 1.500 mineros que trabajaron en el Pozo Sotón, reconvertidos ahora en guías que hablan desde su propia experiencia y conocimiento personal, el grupo de visitantes viaja a una velocidad de cuatro metros por segundos hasta la octava planta del pozo, a 338 metros de profundidad, donde tendrán que atravesar chimeneas por las que se movían los trabajadores como pez en el agua y que requieren de falta de vértigo y habilidad física.

Una experiencia única que teñirá desde un primer momento de negro la piel del visitante, que recorrerá 5 kilómetros de longitud y llegará a alcanzar los 556 metros de profundidad con los que cuenta la décima planta a través de planos casi verticales, escaleras imposibles e incluso el propio tren de personal.

Durante la visita guiada los ex trabajadores de la mina muestran el estado real del pozo tal y como estaba en el momento del cese de la actividad, a través de, entre otros espacios, los talleres de explotación mediante rozadora o por sub niveles, la zona de avance mediante explosivos, los sistemas de ventilación o de tracción.

Uno de los mayores atractivos para el visitante de la cota más baja visitable en una explotación de carbón de todo el mundo, se encuentra prácticamente al final del recorrido y se trata de la chimenea ‘La Turista’, donde podrá vivir en sus propias carnes la experiencia de picar carbón con un autorescatador en la cintura, ese que cada picador, barrenista o ingeniero, entre otros, clamaban al cielo para no utilizar.

Con un coste total de la visita, de entre 4 y 5 horas de duración y 5 kilómetros de recorrido, es de 48 euros, que incluye funda, casco, guantes, mascarilla, equipo de seguridad, servicio de vestuario y duchas. En esta actividad en concreto no pueden participar menores de 16 años, así como personas que no cumplan una serie de condiciones físicas mínimas.

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