El espectáculo visual de los cerezos en flor lo encuentras, además, en Climent de Llobregat (Cataluña), Chantada (Lugo), Alfarnate (Granada), la Vall de Laguart (Alicante), el Valle del Jerte (Cáceres) y Corullón (León)

Cada año, miles de viajeros visitan Japón para disfrutar del país cuando exhibe sus mejores galas, durante la Sakura, la floración de los cerezos que los japoneses celebran con el festival del Hanami. Sin embargo, este espectáculo floral también se puede disfrutar en distintas partes de España. Lugo, Burgos, Granada, León, Alicante, Sant Climent de Llobregat o el Valle del Jerte en Cáceres. Concretamente, las mejores fechas para disfrutar de este Sakura nacional es entre finales de marzo y principios de abril, durante 20 días, aunque puede variar según el clima del año. 

Valle de Caderechas, Burgos
El valle de Caderechas es un microclima de 8.000 hectáreas en la provincia de Burgos. Fotografía: Ical.

Uno de esos lugares es el Valle de Caderechas, un microclima burgalés de 8.000 hectáreas, a medio camino entre la capital y Cantabria, que estos días presume de paisaje gracias al fenómeno de la floración, que lo baña en un manto blanco. En Castilla y León también se puede contemplar en la localidad de Corullón (León), conocido como el ‘Jerte berciano’, explica la agencia Ical en un reportaje sobre la zona.

La segunda quincena de marzo y abril son épocas propicias para ver el espectáculo visual. Fotografía: Ical.

Las 17 localidades acogidas a la Asociación de la Marca de Garantía de la Cereza y Manzana Reineta de Caderechas rondan el millar de habitantes, además de Oña -unos 2.000-. Una figura de calidad que se creó para potenciar este producto y romper con la tendencia de despoblación sufrida desde la emigración de los años 70. La Marca de Garantía -integrada en la marca Tierra de Sabor- engloba a la cereza y a la manzana reineta, caracterizadas por su calidad, y con el sello de certificación desde el año 2000.

Imagen idílica de los cerezos en flor con uno de los pueblos del valle al fondo. Fotografía: Ical.

El turismo también es un filón que los pueblos intentan explotar, aunque este año con todas sus limitaciones por causa de la pandemia del coronavirus.
Las finas, sinuosas y onduladas carreteras que unen cada uno de estos pueblos, con los frutales en flor junto a la calzada, acompañan a los árboles bajo cortados de piedra en la montaña, paisajes paradisíacos, pueblos donde se podrían rodar películas y contrastes de altura que dan peculiaridad al fruto, en un lugar en el que no existe la agricultura extensiva y casi todos los productores de cereza y manzana lo desarrollan como segunda actividad. Tupidos bosques de quejigo, encina y pino resinero que esconden antiguos molinos, e incluso una pequeña central eléctrica casi en ruinas.

Caderechas, siempre con la imagen creada de frutales en flor, se distingue del resto de La Bureba por su particular relieve, su microclima y su vegetación. Circundado por tres grandes formaciones geológicas, el valle cuenta las parameras de La Lora al este, los Montes Obarenes al norte y una depresión al sur.

La calidad de su fruta es antigua. En la documentación del cercano monasterio de San Salvador de Oña existen referencias a la producción de cerezas y manzanas a principios del segundo milenio, principalmente por el pago de diezmos. Nada tiene que envidiar al Valle del Jerte o al Bierzo, más si cabe cuando se sube a alguno de los puntos más altos, como Herrera o Rucandio. Sólo un aspecto, el turismo, que en esta comarca, aunque no falta, es de paso diario.


La mayoría de los productores suelen extraer en torno a 5.000 kilos de cerezas de media al año. Fotografía: Ical.

Desde lo más alto del Valle la perspectiva simula a un paraíso interior con vías que unen pueblos y gentes. Y por ende, frutales: 50.000 cerezos, en torno a 100 hectáreas, de los que la mitad cuenta con Marca de Garantía; y 35 hectáreas de manzanos dentro de la figura de calidad, sobre un total de 100

Después, diferentes aspectos técnicos. Las plantaciones más antiguas, con árboles a 10 por 10 metros, pueden dar 100 kilos de cerezas. Los más jóvenes, a 4 por 2 metros, unos 15 kilos por planta. El productor medio ronda los 5.000 kilos al año y muy pocos se sitúan en los 50.000.

viajarymuchomas.com