La ciudad de Cork ofrece un crisol de nacionalidades de los cinco continentes, donde la música y los pubs vertebran la vida social

Al sur de la isla, a pocos kilómetros del Atlántico, se emplaza Cork, una pequeña ciudad de Irlanda. Pero también es mucho más que la segunda urbe de la República, es un crisol de nacionalidades donde es imposible no cruzarse en una sola mañana con ciudadanos de los cinco continentes. Ciudadanos que han hecho de la ciudad una pequeña babilonia donde la música y los pubs vertebran la vida social de sus habitantes.

Costeada por el océano, la ciudad se ha autoproclamado como la gobernadora de Irlanda porque así sus vecinos lo han querido. Que Dublín gobierna, pero Cork decide, es el lema oficioso, que no oficial, de una ciudad que al igual que Madrid y Barcelona pugnan por el liderazgo. Es Cork la segunda ciudad más poblada del país, pero la tercera de la isla, ya que Belfast tiene 100.000 habitantes más que esta joya de la isla esmeralda. Es un insustancial conflicto porque ambas ciudades, al igual que todo el país en general, transpiran un patriotismo orgulloso que lucen mediante banderas en casi todas sus calles y fachadas.

Cork es una ciudad nueva inmersa en un proceso de revitalización que está poniendo a la urbe a la vanguardia de las ciudades europeas. Es nueva porque, tras la salida de los ingleses de estos territorios, Cork se tuvo que reinventar y reconstruir, ya que los soldados de su graciosa e inglesa majestad arrasaron con todo lo que pudieron tras su marcha y tan solo dejaron intactas la catedral anglicana y la universidad, dos majestuosas construcciones que siguen siendo hoy en día el orgullo de sus habitantes. De esta lucha contra Inglaterra nace la leyenda que reza que Cork es la ciudad rebelde de Irlanda. Y claro que lo es, tanto en el fondo como en la forma. La historia así lo atestigua y sus vecinos lo recuerdan.

Río Lee atraviesa la ciudad de Cork. Fotografía: J. Martín-Calero.

El centro de la ciudad de Cork es una isla entre dos ramales del río Lee. Isla que dibuja la entrada de unos de los puertos naturales más grandes del mundo.  El centro de la ciudad respira dinamismo y movimiento. La algarada de gente de innumerables nacionalidades la convierte, más que en una ciudad de poco más de cien mil habitantes, en una verdadera gran metrópoli. Las colonias extranjeras son numerosas y, de hecho, en el centro de la ciudad podemos presuponer que viven más extranjeros que gente originaria de Irlanda.

Españoles, polacos e italianos son, seguramente, las nacionalidades más numerosas en una ciudad que gracias a la mano de obra extranjera y las políticas liberales del gobierno actual y de los anteriores, ha sabido dejar atrás la recesión económica y recuperarse de una crisis financiera que arrastró al país hasta la quiebra más absoluta.

Apple, Marriott y Amazon son algunas de estas empresas extranjeras que se aprovecharon de este tirón y de las políticas fiscales del país para emplazar su base de operaciones en el viejo continente y dar empleo a un gran porcentaje de la población extranjera residente en Irlanda. Pero ¿Cómo es Cork? Lo podemos descubrir dando un paseo desde el oeste de la ciudad hasta el este, pues estos puntos cardinales son los que vertebran la localidad más rebelde de Irlanda.

Un paseo por Cork

La UCC, la universidad de Cork, cautivará tus sentidos. Pasear por sus instalaciones te hará parecer ser un personaje más de la saga Harry Potter, ya que su arquitectura recuerda al Castillo donde Harry, Hermione y el resto de aprendices de mago estudiaban sus materias. Es una universidad repleta de historia. No obstante, allí impartió clase Mary Ryan, la primera mujer catedrática en Irlanda y el Reino Unido, a principios del siglo pasado. Desde entonces la ciudad, gracias a esta universidad, se ha ganado por derecho propio el título de ciudad universitaria de Irlanda. Algo de lo que pueden dar fe las miles de personas que intentan, sin mucho éxito, alquilar una casa durante el curso académico.

Pasear por la Universidad de Cork te convertirá en un personaje más de la saga Harry Potter

A pocos metros del campus universitario se emplaza el Fitzgerald´s Park, el pulmón de Cork. Junto a las instalaciones deportivas de la universidad, da la bienvenida por el oeste a la ciudad. Es un parque que con más de un siglo de vida y sigue siendo uno de los centros de ocio favoritos de las familias, especialmente durante los meses en los que el clima da una tregua a la ciudad. Durante los meses estivales –que principalmente son mayo, junio y julio-, en la explanada principal del parque, se celebran conciertos y encuentros para las familias que gozan siempre de una gran atracción.

Lo último que vieron los pasajeros del Titanic

En la entrada principal del recinto se sitúa el museo de historia de Cork. Acoge una exposición no muy grande pero sí muy curiosa, ya que el visitante se puede adentrar en una trinchera de la Primera Guerra Mundial o puede conocer cómo era la vida de la ciudad durante la época victoriana. Si eres un romántico o una romántica, en una de las salas también podrás ver una réplica a escala del trasatlántico más famoso del mundo, el Titanic, pues las aguas del puerto de Cork fueron lo último que los pasajeros del barco vieron antes de que el trasatlántico se hundiera en las profundidades del gélido océano.

Paseando por la rivera del río, llegamos al centro de la ciudad, vertebrada por St. Patrick ‘s Street y Grand Parade, que son, junto con la calle Oliver Plunket, los centros neurálgicos de la vida diaria en la ciudad. En un pequeño radio de distancia el visitante puede encontrar todo lo que conocer en la ciudad, y es justo ahí donde surgen los pubs más famosos de Cork. Como buena ciudad irlandesa, en Cork abundan los pubs donde, a partir de las doce de la mañana, se puede deleitar una pinta de las múltiples marcas de cerveza y sidra existentes.

Leyendas y fin del mundo

Desde Grand Parade, se averigua, imponente, la catedral anglicana. En lo alto de su ábside, un ángel de oro nos recuerda que el fin del mundo puede que esté muy cerca, pues la leyenda dice que el día que dicho ángel se caiga de su sitio, los jinetes del apocalipsis harán de las suyas. Así que, si la visitas y no ves el famoso ángel, Cork será el sitio donde tu existencia deje de ser tal. 

En el corazón de Grand Parade, y frecuentado cada día por miles de visitantes, el Mercado Inglés se erige como el mercado de abastos de la ciudad. “El mercado capaz de impresionar a una reina” es el lema del conjunto de puestos que lo configuran, y es que Isabel II lo visitó hace unos años con motivo del primer viaje de un soberano inglés a la República de Irlanda desde la independencia del país. Fotos y placas recuerdan esta visita, sobre todo en el puesto que pertenece a la que es, tal vez, la pescadería más famosa de la ciudad. En dicho puesto también podemos ver los diferentes certificados que atestiguan una estrecha relación entre los Windsor y los pescaderos de Cork.

Haz sonar las campanas de Santa Ana

En el extremo norte de la ciudad, cruzando el río Lee por alguno de los numerosos puentes de la ciudad, podemos llegar a Shandon, la parte primigenia de la ciudad, donde se encuentra la catedral católica y la Iglesia de Santa Ana, que es sin duda el templo más famoso de Cork. Su torre es uno de los emblemas de la ciudad y también uno de los monumentos más visitados por todos los turistas, quizá porque a través de un sistema de cuerdas y un libro de partituras cualquiera puede hacer sonar las campanas de la iglesia al ritmo de Abba o del Kumbaya.

Catedral de Cork. Fotografía. J. Martín-Calero.

Las vistas desde lo alto del edificio permiten contemplar una visita integral a golpe de pájaro de todo Cork. Es conocida esta iglesia como ‘’la de las cuatro mentiras’’ porque debido a las diferentes rachas de viento que sacuden la ciudad a diario y dependiendo del lado de la torre en la que te encuentres, el reloj marcará una u otra hora ya que el viento hace que cada uno de los cuatro relojes que decoran la torre den una hora diferente.

A veinte minutos de paseo desde Shandon se encuentra la vieja cárcel de la ciudad, que comparte edificio con el museo de la radio. En sus galerías uno se puede imaginar cómo era la vida de un preso común en la Irlanda del siglo XIX y principios del XX. Es ésta, sin duda, una visita curiosa y singular, cuyo interés reside, sobre todo, en la belleza del conjunto arquitectónico del lugar.

Desde el centro urbano, partiendo desde el puerto en las cercanías del ayuntamiento, un agradable paseo por la ribera del río nos lleva hasta el punto más lejano de la ciudad: el castillo de Blackrock, una antigua fortaleza de pequeñas dimensiones, reinventada como observatorio astronómico.

Cork es una ciudad llena de vida en la que la música es la principal expresión cultural y artística. El último fin de semana de octubre, el Cork Jazz Festival reúne en la ciudad a bandas de jazz de todo el mundo en el que es, quizás, el fin de semana más importante de todo el año en la ciudad. Halloween, Navidad y San Patricio son otras de las festividades más importantes y disfrutadas por vecinos y visitantes.

Centro de la ciudad de Cork. Fotografía: J. Martín-Calero.

Como en un videoclip

Pasear por Cork supone pasear en un videoclip, a cada pocos metros un músico callejero ameniza a los viandantes con su arte. Es también pasear con una taza de café en la mano y es pasear con la tranquilidad innata de los irlandeses, una tranquilidad bulliciosa que te atrapa y te lleva con ella desde el primer momento que se pone un pie en esta pequeña pero agradable ciudad del sur de Irlanda.

Si te animas a visitar Cork, ten por seguro que conocerás todo lo que Irlanda es y significa y verás el país y el mundo desde los ojos de las numerosas nacionalidades que dan vida a una ciudad que vive un claro patriotismo desde una multinacionalidad con la que el visitante choca a cada paso.

Javier Martín-Calero

Por Javier Martín-Calero