Todo viaje implica una experiencia, un aprendizaje vital en la vida. Da igual el lugar elegido, porque, por cercano que se encuentre, siempre hallaremos un motivo para recordar y, por supuesto, volver. Incluso, aunque ese lugar esté a más de 10.700 kilómetros. Pero esa enorme distancia queda reducida a una mínima separación física cuando las vivencias son indelebles. Sí, lo sabemos, no es el mejor momento ahora, por la pandemia, para emprender de nuevo un largo viaje, ni siquiera corto. Pero, sin duda, volveremos, porque los viajes son el alimento de la vida. Si, además, el destino es Vietnam, ten por seguro que sus impresionantes paisajes, su cultura y la grandeza humana de sus gentes se quedarán contigo, para siempre, en la memoria y en el corazón del alma viajera. Aquí comparto con todos vosotros más que dos semanas de descubrimientos sorprendentes en un país de ensueño, lleno de contrastes y de gente amable.  

Texto y fotos: Ana Martínez

En un primer momento la intención era ir a Sri Lanka y, ya que estábamos, aprovechar para conocer las Maldivas, que están a solo una hora… y, ya que estábamos, coger un crucero, que uno nunca sabe cuando va a volver por la zona (y aún menos con los tiempos que corren)… y, ya que estábamos, dormir en una cabaña en mitad del océano Índico y, ya que estábamos…  Total, que echamos mano de la calculadora y, claro, el presupuesto era inalcanzable para el modesto tamaño de nuestros bolsillos.  Así que empezamos a ampliar miras y ahí, de repente, surgió Vietnam, convenciéndonos en todos los sentidos.

Día 1, 2, 3 – Ho Chi Minh (antigua Saigón) y Delta del Mekong

Partimos de Barcelona y, tras una escala en Qatar, llegamos a nuestro primer destino: Ho Chi Minh, que viene siendo lo mismo que Saigón. ¿A qué se debe esta nueva nomenclatura? Para saberlo tenemos que remontarnos a la famosa guerra de Vietnam, entre el norte (comunistas) y el sur de Vietnam (anticomunistas). Los aliados comunistas, como China y la Unión Soviética, apoyaron a los primeros, mientras que las tropas anticomunistas, como Estados Unidos y Australia, ayudaron a los segundos. En 1975, el norte de Vietnam ganó la guerra y cambió el nombre de Saigón a Ciudad Ho Chi Minh, líder revolucionario del partido comunista que llegó a presidente.

Museo de la guerra

Como no podía ser de otra manera, la primera visita obligada es el Museo de los Vestigios de la Guerra de Vietnam, que refleja la ocupación estadounidense sobre el país. Las cifras son espeluznantes: en el transcurso de la guerra, las fuerzas aéreas estadounidenses lanzaron casi 8 millones de toneladas de artefactos explosivos, lo que significa triplicar el volumen de la Segunda Guerra Mundial. Por no hablar del agente naranja, un arma química que segó la vida de 400.000 personas y provocó malformaciones en 500.000 niños. Todavía hoy, unos 3 millones de vietnamitas sufren enfermedades genéticas causadas por los herbicidas que componen dicho agente y que, por cierto, nunca fueron compensados económicamente por EE.UU. No os imagináis lo que es estar en el epicentro de la historia, delante de artefactos, resquicios de prensa, armas, tanques de guerra y fotografías que muestran el horror sufrido por miles de vietnamitas.

Río Mekong

Desde la antigua Saigón contratamos una excursión que nos llevó un par de días al Delta del Mekong. Personalmente, estaba un poco preocupada por cogerlo todo en el último momento, pero no hubo ningún problema ya que desde el mismo hotel te lo gestionan todo en un plisplás y al mismo precio que en la agencia. Después del viaje en autobús llegamos al embarcadero e iniciamos la ruta por mar.  A medida que te vas adentrando, comienza la tranquilidad, lo que significa que has llegado a la zona navegable del río Bên Tre, uno de los afluentes del gran Mekong que los vietnamitas denominan ‘el río de los Nueve Dragones’, por los nueve puntos en los que el gran río desemboca en el mar.  Durante el recorrido fuimos testigos de la autenticidad de la zona: estrechas barcas flotantes venden sus frutas exóticas de barco en barco, mientras el vendedor mantiene el equilibro a la par que entrega su mercancía tras los motores humeantes.

EMBARCADERO PARA REALIZAR LA EXCURSIÓN POR EL DELTA DEL RÍO MEKONG.

Días 4, 5, 6 y 7: Hoi an, Ruinas de My Son y Hue

Hoi An

Es el momento de coger un vuelo interno para llegar al corazón del país, Da Nang. La primera parada tiene lugar en Hoi An, considerada la ciudad más bonita de Vietnam, y la verdad que no es para menos. En el siglo XV fue un importante puerto marítimo y durante cuatro siglos arribaron a sus orillas barcos chinos, japoneses, portugueses, españoles, indios y filipinos, entre otras procedencias, convirtiendo la ciudad un punto de intercambio de sedas de primera calidad, papel, especias y medicinas. De todos ellos, fueron finalmente los japoneses y chinos los que se asentaron en la ciudad y dejaron su huella, algo que se aprecia enormemente en la arquitectura de las casas y el estilo de vida de la población.

El casco antiguo se conserva intacto en la actualidad y cuenta con la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La multitud de turistas que recorren sus calles es una clara muestra de su palpitante atractivo. Entre otros, puedes visitar templos, pagodas, museos y mercados, aunque la mejor manera de disfrutar de la ciudad es perdiéndote entre sus encantadoras calles.

Por cierto, si piensas acudir a alguna ceremonia o, simplemente, se te antoja hacerte un traje a medida, Hoi An es tu sitio, ya que está repleto de sastrerías a un módico precio. Yo misma aproveché para hacerme un vestido (bueno, en realidad, un par). Te aconsejo llevar una idea clara de lo que quieres, de lo contrario acabarás como yo, llevándote lo que te encaloman. Otro ‘must’ de la ciudad es pasear al anochecer, cuyas calles visten farolillos de colores que alumbran sus callejones más estrechos y el río queda iluminado por el reflejo de las luces de la ciudad.

AL ANOCHECER, EN LA CIUDAD DE HOI AN, LOS FAROLILLOS VISTEN SUS CALLES DE COLORES.
VIETNAM ES UN PAÍS CON GRANDES RIOS Y AFLUYENTES NAVEGABLES.

Ruinas de My Son

Al día siguiente, toca hacer una excursión a las ruinas de My Son, que se encuentran a una hora en autobús de Hoi An. Se trata de un santuario hinduista que alberga unos 70 templos de la cultura Champa, que reinó entre los siglos IV y XIV. De estos, unas 20 construcciones están bastante bien conservadas tras sobrevivir a varios bombardeos y que, tras siglos abandonado, fue redescubiertos por los franceses.

Hue

Para finalizar el viaje hacia el esplendoroso pasado, no podíamos perdernos Hue, la ciudad imperial. Fue la capital de Vietnam hasta el año 1945 y guarda ciertas similitudes con la Ciudad Prohibida de Pekín. Como el tiempo apremiaba y no queríamos perdernos detalle, contratamos un chófer todo el día, con el que fuimos haciendo paradas en lugares emblemáticos de camino a la ciudad imperial de Hue.

RUINAS EN LA CIUDAD IMPERIAL DE HUE, QUE FUE CAPITAL DEL PAÍS HASTA 1945.
ANA MARTÍNEZ, LA AUTORA DE ESTE REPORTAJE.

Día 7, 8 : Bahía de Ha Long

Cogemos el segundo vuelo interno para alcanzar el norte del país y llegar al punto más emblemático del viaje, la Bahía de Halong. Hasta la fecha no he visto un paisaje similar: un inmenso mar de intenso color esmeralda rodeado de miles de rocas cársticas desperdigadas por el mar. Las rocas cársticas son elevaciones del terreno, que forman pequeñas islas llenas de frondosa vegetación. Levantarte en medio de la bahía y ver el amanecer ante ese paraíso natural, no tiene precio. Por algo es considerada una de las 7 maravillas naturales del mundo.

DE PASEO EN KAYAK, ATRAVESANDO LA INCREÍBLE BAHÍA DE HALONG.
DORMIR EN CASAS SOBRE AL AGUA, UNA FANTÁSTICA EXPERIENCIA.

Día 9 y 10: Sa Pa

Tras salir de Halong, y cuando crees que ya lo has visto todo, llega Sa Pa. En este caso, más que el asombroso paisaje (aunque también tiene su relevancia), es su gente, su cultura y su tradición, que distan tanto de nuestro pensamiento occidental que te hará replantearte tu forma de ver la vida.

Realizamos un trekking con Mao, una de las mujeres Hmong que habita esta zona montañosa del norte de Vietnam. Se trata de un grupo étnico que proviene de las cordilleras chinas y que con el tiempo fue desplazándose hacia el sur y asentarse se asentaron en Sa Pa, entre otros territorios. Estas mujeres son claramente identificables, y no únicamente por su vestimenta, sino también por su característico aspecto físico: baja estatura, ojos muy achinados y tez morena.

¿Por qué acompañarte de una mujer Hmong? En primer lugar, hacer solos el recorrido puede resultar un tanto peligroso, y no porque puedas perderte entre sus montañas, sino también porque es relativamente fácil dar algún que otro traspiés. Las guías te llevarán por los caminos más fáciles de acceder; además, al tratarse de una zona muy húmeda y neblinosa, acaba convirtiéndose en un barrizal, por lo que la ayuda de estas singulares ‘sherpas’ es imprescindible, al menos así fue en mi caso.

¿Por qué mujeres? Los Hmong hablan un idioma totalmente diferente y que sólo se transmite de manera oral. Pese a todo, están tan acostumbrados ya al turismo que las mujeres y niñas fueron empapándose del idioma –inglés, principalmente- y, por ello, se dedican a acompañar a los numerosos turistas intrépidos que pasan por la zona, con el correspondiente precio. A eso, no olvides que, obviamente, tratarán de venderte sus artesanías al final del trayecto. Mientras tanto, los hombres y niños se quedan en sus humildes estancias para cuidar de los animales y realizar las tareas domésticas. Aunque sin duda, lo mejor del trayecto es conocer las historias de Mao en primera persona y descubrir que, aunque nos separen más de 10.000 kilómetros, sus valores e inquietudes no difieren de los nuestros.

dos semanas vietnam
CONVIENE ALQUILAR BOTAS DE LLUVIA PARA NO ACABAR DE ESTA GUISA.
ESTAS FUERON LAS MUJERES HNONG QUE NOS ACOMPAÑARON (EN LA IMAGEN SUPERIOR). CUANDO REGRESÉ HICE UN PEQUEÑO SKETCH, QUE POR SUPUESTO TENGO ENMARCADO COMO RECUERDO DEL VIAJE.


Día 11, 12, 13, 14: Ninh Binh, Hanoi y vuelta a la realidad

Ponemos fin al viaje en Ninh Bin y alrededores. ¿Recordáis las rocas cársticas de la Bahía de Halong?, pues esta zona está repleta, por eso muchos la definen como la Bahía de Halong terrestre. Su entorno se puede visitar a pie o en barca y sin tanta masificación, ya que es menos conocida. Además, algunas de las formaciones rocosas permiten subirse a la cima, desde donde observarás unas espectaculares vistas.

CAMPO DE ARROZAL EN VIETNAM.

Lejos de la tranquilidad, del sonido nítido del agua y, si acaso, de algún vietnamita en bicicleta, nos toca llegar a la bulliciosa capital de Vietnam, Hanoi. El ruido del claxon es constante y no por su utilización como método de advertencia de algún peligro, sino porque sencillamente se usa para alertar al que transita por delante para que se quite de en medio, o bien para avisar, literalmente, de que circulan por ahí; es decir, para todo.

SIMPÁTICA IMAGEN EN MOTO EN LA CIUDAD DE HO CHI MINH, INCLUSO PARECE EL QUE EL PERRO CONDUCE LA MOTOCICLETA.

Una de las cosas que me sorprendió es que Vietnam es el país con más motos del mundo. De hecho, entró en el Libro Guinness de los Récords por ser el país con más motos por habitante. En la ciudad de Ho Chi Minh hay 7 millones de habitantes, de los cuales 6 tienen moto, mientras que sólo medio millón dispone de coche. Ahora imagina lo que es cruzar una calle como peatón. Ya te advierto que llegar a la acera de enfrente es casi un suicidio. Al principio, en Ho Chi Minh tardábamos horas en cruzar, pero una vez que transcurren los días aprendes a cambiar de acera mientras esquivas decenas de motos a golpe de claxon. En teoría sólo pueden viajar dos adultos y el número de niños es ilimitado, pero en la práctica vimos hasta a un perro conduciendo, sin casco, por supuesto.

Como podréis comprobar, Vietnam es una ciudad de contrastes, paisajes impresionantes y de gente amable. Y aunque en un primer momento la intención era ir a Sri Lanka, estoy convencida de que todo aquel que viaja a Vietnam se va con las ganas de volver. Así es, al menos, en nuestro caso.

viajarymuchomas.com